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Signos de Sobredosis

DROGODEPENDENCIAS

En caso de “sobredosis», se debe administrar el antidoto a dosis capaces de neutralizar la sustancia presente en el organismo.

Signos de Sobredosis

SIGNOS EXTERNOS

• Piel.

La mayor parte de las intoxicaciones agudas o de los síndromes de abstinencia aumentan la sudoración. No obstante, se puede encontrar «piel seca» en caso de uso de fármacos anticolinérgicos, tomados de forma aislada o en combinación con LSD.
La «piel de gallina» puede ser indicativa de una reacción aguda por LSD o formar parte del síndrome de abstinencia de la heroína. Es necesario comprobar siempre la presencia de signos de inyección presentes en el sujeto que consume narcóticos, aunque en ocasiones se deban al uso de anfetaminas y barbitúricos por vía intravenosa.

El número de pinchazos es indicativo del grado de dependencia. Si ninguna de las venas del brazo presenta signos de fibrosis, es probable que el paciente no haya desarrollado aún dependencia de la heroína. Cuando todas las venas de los brazos y de las piernas están obliteradas por procesos fibróticos, nos hallamos ante un consumidor importante, que puede recurrir a las venas del cuello, a las del pene, o a inyecciones subcutáneas. En este último caso se pueden observar abscesos, ulceraciones y otras formas de patología cutánea.

• Ojos

– Conjuntivas: las conjuntivas inyectadas (conjuntivitis) se observan a menudo en los consumidores de marihuana. Un lagrimeo abundante, junto a hipersecreción nasal y dilatación de las pupilas, pueden ser los primeros signos de abstinencia de heroína.

– Movimientos oculares: en el abuso o en la abstinencia de derivados del cannabis índica se registra con frecuencia nistagmo (pequeños movimientos de la pupila) lateral. Un reflejo exagerado ante la luz es otro signo común de abstinencia de barbitúricos.

– Pupilas: la heroína reduce de forma característica las pupilas al tamaño de la cabeza de un alfiler (si la única sustancia consumida es la heroína las pupilas se dilatan lentamente hasta alcanzar un tamaño normal en unas 8 horas). Puede no registrarse constricción pupilar en el heroinómano si éste consume al mismo tiempo altas dosis de anfetaminas o de cocaína. Las anfetaminas y el LSD producen a menudo midriasis, aunque persista la reacción a la luz. Si no existe dicha capacidad de reacción, hay que considerar la posibilidad de un abuso de sustancias anticolinérgicas.
El tamaño de las pupilas no se modifica por acción de la marihuana y de los barbitúricos.

• Nariz.

La hiperemia o la ulceración son complicaciones que produce el «esnifar» sustancias como la cocaína. La rinorrea es uno de los primeros signos del síndrome de abstinencia de la heroína.

• Tórax.

El edema pulmonar y la fibrosis pulmonar pueden deberse al uso intravenoso de heroína o de ciertos contaminantes de la misma, como los polvos de talco. La heroína puede también causar broncoconstricción en individuos sensibilizados.

• Abdomen.

Calambres abdominales dolorosos se producen generalmente 24 horas después de la interrupción de la administración de heroína en sujetos dependientes.

• Signos neurológicos y psiquiátricos.

La alteración de las funciones psíquicas elementales (percepción, atención, memoria) se halla comúnmente presente como manifestación tóxica ocasionada por sustancias alucinógenas.
Ocasionalmente se observa en casos de consumo de anfetaminas, cocaína, derivados de cannabis indica, sustancias anticolinérgicas y en caso de intoxicación o abstinencia por barbitúricos.
La alteración de estas funciones se manifiesta a menudo con sensación de desorientación y a veces con alteraciones de las funciones del pensamiento y en consecuencia con comportamientos verbales disociados: un cuadro que recuerda las características del «episodio psicótico». Tal estado se puede registrar incluso días o semanas después de la ingestión de LSD.
No obstante, el cuadro puede ir acompañado de signos del consumo de otras sustancias.
La presencia de signos psicóticos en un consumidor de heroína es indicativa de que consume también otras sustancias.

La presencia de estupor o coma sin signos neurológicos debe considerarse como posible expresión de sobredosis. En estos casos suelen observarse las características pupilas y pinchazos en los brazos.
Además, los pacientes en estado comatoso por reacciones a fármacos pueden presentar placas eritematosas, vesículas y, en ocasiones, incluso ampollas en zonas cutáneas sometidas a presión.
Estas manifestaciones son corrientes, aun sin ser específicas, en la sobredosis de barbitúricos.
Cada fármaco capaz de inducir alteraciones mentales halla reflejo en el lenguaje.
El lenguaje del consumidor de barbitúricos es a menudo lento y arrastrado (en ocasiones recuerda al del alcohólico).

El sujeto con dependencia de la heroína puede mostrar una forma de hablar lenta, aunque la dicción se mantenga intacta (a no ser que se encuentre en estado de estupor). En caso de consumo de anfetaminas, alucinógenos o en la abstinencia de heroína, se pueden observar finos temblores en reposo.
Los temblores inducidos por la abstinencia de barbitúricos son en cambio más ostensibles y comienzan dos días después de la suspensión del consumo. En dicho periodo se pueden registrar también crisis convulsivas.

Las anfetaminas producen a menudo un aumento de la actividad refleja. En las intoxicaciones por barbitúricos los reflejos tendinosos profundos son normales, mientras que los superficiales se encuentran generalmente deprimidos. Se ha mencionado ya que el reflejo a la luz se encuentra aumentado en la abstinencia de barbitúricos.

BARBITÚRICOS: SOBREDOSIS

Los efectos tóxicos agudos y la actuación de urgencia dependen en gran medida del tipo de barbitúrico usado, y sobre todo de la duración de su acción. Los barbitúricos tienen en la práctica médica distintas indicaciones, dependiendo de que su acción sea de corta, media o larga duración.
Los efectos varían además en función de la dosis administrada o, mejor dicho, de la concentración en sangre.

El consumo prolongado de dosis altas de barbitúricos puede conducir al establecimiento de una auténtica drogodependencia. En estos casos el fármaco es introducido en el organismo por vía oral y con menor frecuencia por vía intravenosa. La dosis diaria es de alrededor de 1,5 gramos, aunque en ocasiones alcanza e incluso supera los 2,5 gramos.
Esta toxicomanía es a menudo inducida por tratamientos demasiado prolongados con barbitúricos en sujetos psiconeuróticos. A menudo, sin embargo, se instaura también en personas adictas ya a los estupefacientes —en ausencia de los cuales estos sujetos subsisten gracias al consumo de barbitúricos— o bien en alcohólicos crónicos. En este último caso el fármaco, que empieza a consumirse generalmente con objeto de atenuar algunos síntomas de naturaleza nerviosa, puede llegar a utilizarse en lugar del alcohol, debido a la similitud de los efectos.

Barbitúricos y alcohol producen una tolerancia cruzada y por consiguiente son sustituibles e intercambiables desde el punto de vista tóxico. En caso de combinación, el efecto tóxico es la suma de las dos sustancias, teniendo en cuenta que 15 mg de fenobarbital equivalen a 12 mi de etanol (alcohol) puro. En la combinación barbitúricos/opiáceos hay que tener en cuenta que, para algunos síntomas, se produce también la suma de efectos mencionada.

La sintomatología de la intoxicación por sobredosis aparece en general al cabo de unos 20 minutos-1 hora desde la ingestión del barbitúrico y se caracteriza por la somnolencia, que luego da paso a un coma cada vez más profundo, con atenuación de los reflejos hasta su total desaparición. Por cuanto respecta a la respiración, aumenta la frecuencia y se torna irregular.
En primer lugar se produce disminución de la temperatura corporal y al cabo de 24-48 horas aparece fiebre, incluso alta. En algunos casos la fase depresiva se halla precedida por un periodo de excitación acompañado o no de delirio con alucinaciones y, en las intoxicaciones menos graves, convulsiones. En las primeras 24 horas puede aparecer una parálisis respiratoria que en ocasiones conduce a la muerte.
En otros casos la muerte se puede producir más tardía¬mente por colapso cardiocirculatorio o, con mayor frecuencia, por neumonía.

En las intoxicaciones crónicas, los efectos sobre las funciones neuropsíquicas son muy similares a los producidos por la ingestión de alcohol. La sintomatología varía notablemente de un sujeto a otro y, en un mismo sujeto, en función de determinadas condiciones, como por ejemplo el estado de ayunas o de estómago lleno. Aparecen trastornos caracterizados por astenia muscular, temblores, disminución de los reflejos superficiales y vértigos, así como, a veces, otras formas, como anorexia, lengua saburral y mal aliento.
En ambos casos la intervención de urgencia consiste, en el caso de un sujeto todavía despierto y consciente, en tratar de inducir el vómito y de controlar las condiciones respiratorias y cardiocirculatorias. En el caso de un paciente semicomatoso o incluso ya en coma, no debe en ningún caso inducirse el vómito (por el peligro de provocar una neumonía por paso a las vías respiratorias de material gástrico), procediendo a la hospitalización inmediata del sujeto en una unidad de reanimación.

BARBITÚRICOS: ABSTINENCIA

La gravedad del síndrome de abstinencia se halla también condicionada por el tipo de barbitúrico usado y por la duración del consumo continuado de barbitúrico, así como por las características individuales.
Conviene recordar que los barbitúricos usados por los drogodependientes suelen tener una acción de corta duración.
Cabe esperar la presentación de un síndrome de abstinencia en sujetos que superen los 1.500 mg al día. La sintomatología es muy variada y va de la reacción de ansiedad a las convulsiones, a la hiperpirexia e incluso a la muerte.

El reconocimiento de un síndrome de abstinencia por barbitúricos permite resolver la sintomatología aguda mediante la administración de barbitúricos, administración que resultaría en cambio perjudicial en caso de sintomatología por intoxicación.
La actuación ante este tipo de pacientes debe limitarse a la resolución de la sintomatología aguda. Sólo en un segundo momento se puede remitir al paciente a una clínica especializada en terapia de desintoxicación.
Para conseguir una rápida resolución se aconseja el uso de barbitúricos de acción de corta duración (debido también a que generalmente son los utilizados por los drogodependientes).

Principales aplicaciones terapéuticas de los barbitúricos en función de la duración de sus efectos

• Corta duración:
— anestesia.
• Duración media:
— hipnóticos;
— sedantes (preoperatorios);
— inyectados para el control de las convulsiones.
 Larga duración:
— sedantes de efecto diario.

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