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Trastornos del sueño en adultos

Un insuficiente reposo nocturno

PARA EVITAR los inconvenientes físicos y psicológicos derivados de un insuficiente reposo nocturno, que a veces incluso condicionan la calidad de vida, se puede recurrir a la terapia con fámacos somníferos, pero sobre todo se pueden observar una serie de normas de higiene del sueño, tan elementales como a menudo ignoradas.
Numerosos factores externos pueden influir en la calidad del sueño, como por ejemplo la temperatura de la habitación, la estabilidad y la consistencia del colchón, el ruido o la presencia de otras personas en la misma habitación, El problema adquiere especial intensidad cuando el sujeto se encuentra en un ambiente nuevo para él, no familiar, y en el cual no encuentra los puntos de referencia habituales. Esta situación constituye una típica experiencia geriátrica de hospital en las primeras noches de internamiento de un paciente.
Se han estudiado los efectos del ruido sobre el sueño y se ha demostrado que incluso un ruido no intenso pero constante reduce la cantidad de sueño profundo y aumenta la frecuencia de despertares durante la noche: y hemos visto ya que a los ancianos les cuesta mucho trabajo dormirse una vez que se han despertado, de lo cual se deduce que su sueño es muy vulnerable a los factores de alteración de tipo ambiental.

DIAGNÓSTICO

Dado que en ciertos casos el insomnio puede deberse a enfermedades o al uso inadecuado de fármacos, es necesario analizar dicho aspecto.
Pacientes con mioclonía nocturna refieren a menudo movimientos continuos de las piernas durante la noche (síndrome de las piernas sin descanso), aunque con mayor frecuencia es el cónyuge y no el enfermo quien se da cuenta del molesto síntoma.
En cambio, pacientes con apnea (suspensión temporal de la respiración) durante el sueño referirán una somnolencia excesiva y cansancio durante el día, dolor de cabeza al despertar y sensación de boca seca durante el sueño o al despertar. Dicha patología es más frecuente a medida que avanza la edad y puede a menudo ser causa de insomnio de difícil diagnóstico en los ancianós.
El insomnio se asocia a menudo a depresión y ansiedad, por lo que una medida que ha de seguirse en la identificación de los trastornos del sueño es la valoración de la esfera emocional.

TRATAMIENTO DEL INSOMNIO

Un tratamiento de breve duración a base de somníferos no es en ocasiones aconsejable, sobre todo si existen trastornos ligados a factores contingentes, como cambios de ambiente, o si se desea regularizar el ritmo de sueño. Las benzodiazepinas (véase ficha “Psicofármacos” en la sección “farmacos”) son en general los fármacos más indicados.
Una buena opción terapéutica en los sujetos ancianos, cuyo problema suele ser conciliar el sueño, es la representada por el empleo de dosis bajas de un fármaco de acción de larga duración.
Las benzodiazepinas son relativamente seguras, pero pueden causar confusión, agitación, excesivo efecto sedante durante todo el día siguiente, disminución de la capacidad de movimiento e incluso colapsos y desvanecimientos.
Otros fármacos que se emplean a veces en el tratamiento del insomnio son los barbitúricos y los antihistamínicos.
Los barbitúricos pueden resultar eficaces en algunos pacientes que no respondan a la terapia con benzodiazepinas. No obstante, los inconvenientes de los barbitúricos son muy numerosos; entre los principales cabe destacar la inducción de un estado de farmacodependencia psicofísica, depresión respiratoria y un bajo índice terapéutico (relación toxicidad/efecto clínico).

HIPERSOMNIA

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La hipersomnia, como puede ser una excesiva somnolencia nocturna, rara vez es atribuida por los pacientes a un sueño nocturno alterado, aunque a menudo éste sea precisamente el origen del problema. El síndrome de apnea nocturna es también una causa muy importante y frecuente que nunca debe excluirse. Las mioclonías nocturnas (movimientos repetitivos de las extremidades inferiores durante el sueño), como ya se ha dicho, aumentan a medida que avanza la edad y pueden alterar el sueño nocturno hasta provocar somnolencia diurna, aun sin darse cuenta el paciente.
El consumo diurno de hipnóticos, que por el contrario deberían tomarse antes de acostarse, puede causar somnolencia, así como el de antihistamínicos u otros tranquilizantes más o menos fuertes. También la falta de estímulos psicológicos desempeña un papel muy significativo en el adormecimiento nocturno.

APNEA NOCTURNA

Se define como apnea nocturna la interrupción del flujo de aire a través de las vías respiratorias durante un periodo de tiempo superior a los 10 segundos, dos o más veces en una hora o 30 veces durante el sueño nocturno. La apnea recibe el nombre de obstructiva si se debe a un bloqueo de las vías aéreas, y central si está causada por una interrupción del ritmo respiratorio durante el sueño.
Las consecuencias de la verdadera apnea nocturna son somnolencia diurna, arritmias cardíacas, hipertensión pulmonar y, probablemente, alteración de la actividad cerebral.
Los sujetos que presentan repetidas apneas durante la noche refieren siempre una excesiva

somnolencia diurna, cuya entidad varía:
desde pacientes que se duermen sólo en situaciones de tranquilidad, como por ejemplo cuando leen o ven la televisión, a otros a quienes les vence un imperioso deseo de dormir en cualquier circunstancia, incluso en condiciones de peligro potencial, como por ejemplo conduciendo un coche o en el trabajo.
Con frecuencia los pacientes refieren cansancio y dolor de cabeza por la mañana; tam poco es raro que manifiesten trastornos de la memoria, cambios de personalidad, comportamientos automáticos, irritabilidad, inestabilidad del estado de ánimo, episodios de sonambulismo y sudoración excesiva.
Parece ya totalmente demostrado que la apnea se presenta sobre todo asociada a una condición de obesidad y obstrucción de las vías aéreas superiores; en cualquier caso, lo que sí es seguro es que su frecuencia aumenta al aumentar la edad.
El síndrome de apnea nocturna debería siempre considerarse como probable en los sujetos ancianos que refieren somnolencia diurna después de un periodo de sueño nocturno razonable. El hecho de roncar puede ser indicativo de una obstrucción de las vías aéreas superiores. Movimientos automáticos durante el sueño y fuertes dolores de cabeza por la mañana al despertar son otros síntomas muy indicativos de síndrome de apnea nocturna.
Por desgracia, no es fácil establecer cuál es el tratamiento más adecuado para el síndrome de apnea nocturna; depende en efecto de las causas de la apnea.
El tratar de obtener una disminución del exceso de peso corporal es un primer paso importante para los sujetos afectados por formas asociadas a obesidad. Una sustancia hormonal (medroxiprogesterona) aumenta la excitabilidad respiratoria y, aunque eficaz en una minoría de casos, se aconseja en el tratamiento de la apnea nocturna de tipo central.
También los estimuladores del diafragma se han venido empleando con éxito, mientras que las obstrucciones graves de las vías aéreas superiores suelen requerir, en general, una intervención quirúrgica de faringoplastia o de traqueotomía.
• Hay que dormir un tiempo suficiente para sentirse frescos y descansados al día siguiente. Parece ser que una disminución del tiempo de permanencia en la cama consolida la fase del sueño; una permanencia excesiva en la cama ha de relacionarse con un descanso poco profundo y fragmentado.
• El despertarse regularmente a la misma hora por la mañana refuerza el ritmo sueño/vigilia y conduce a una inducción regular del sueño.
• El ejercicio físico diario induce probablemente un sueño más profundo, mientras que un ejercicio ocasional no mejora necesariamente el descanso de la noche siguiente.
• Ruidos fuertes y ocasionales, como el paso de un avión, alteran el sueño incluso de personas que no suelen despertarse por ruidos y que no los recuerdan una vez despiertos. Un dormitorio aislado puede ayudar a la persona que debe dormir junto a fuentes de ruido.
• Habitaciones excesivamente calientes pueden alterar el sueño, aunque no existen pruebas de que una habitación muy fría pueda hacer que aumente.
• El hambre puede alterar el sueño; un ligero tentempié puede en cambio favorecerlo.
• Un somnífero tomado ocasionalmente puede aportar algún beneficio, pero el empleo crónico de estas sustancias suele ser ineficaz.
• El consumo por la tarde de cafeína altera el sueño, incluso en aquellos sujetos que se creen que no les afecta.
• El alcohol ayuda a las personas ansiosas a dormirse más fácilmente, pero el sueño consiguiente es fragmentario.
• El consumo crónico de tabaco altera el sueño.
• Los sujetos que se sienten agitados y frustrados, cuando no consiguen conciliar el sueño no deben tratar de dormirse a toda costa; por el contrario, deberían encender la luz y hacer algo distinto.
 
 

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