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Los alucinógenos

El más conocido de los alucinógenos es la mescalina, contenida en el peyote (Echínocactus williamsii), cactácea mexicana.

Usada por los aztecas como agente inductor del éxtasis religioso, fue introducida en Europa y empleada con fines experimentales en 1926.

El estudio experimental del cornezuelo del centeno, que provocó hace no mucho tiempo trastornos psíquicos masivos en poblaciones cuya alimentación se basaba en el consumo de harinas que contenían este hongo parásito, indujo a identificar en el ácido lisérgico el factor responsable específico de las manifestaciones tóxicas (1934).
En 1938 fue descubierta la acción alucinógena de un derivado de dicho compuesto, la dietilamida del ácido lisérgico, conocida habitualmente como LSD.

Dicha sustancia es activa a dosis muy bajas, del orden de una millonésima parte de gramo.
El descubrimiento de que existen muchas otras sustancias con efectos psicomiméticos ha dado lugar al desarrollo de una rama específica de la psicofarmacología, que trata de reproducir las manifestaciones espontáneas de las enfermedades mentales, con objeto de esclarecer las causas de las psicosis humanas.
La neuroquímica, concretamente, ha subrayado la analogía existente entre los alucinógenos y las sustancias que generan y regulan la transmisión del impulso nervioso en el sistema nervioso central.

Por cuanto respecta a los efectos de los psicomiméticos en el hombre, existe una singular y enorme contradicción entre los datos referidos por quienes han estudiado experimentalmente la intoxicación humana y quienes en cambio han tomado alucinógenos de forma esporádica o por drogodependencia, más o menos disfrazada por motivaciones misticoideológicas.
Estas divergencias pueden hallar explicación en la importancia, para la experiencia psicodélica, del ambiente y de los estímulos sensoriales, así como de la personalidad y de las expectativas de quien se prepara para el «viaje».

Así, hay personas que después de haber tomado mescalina describen con entusiasmo su experiencia de intoxicación mescalínica, que les ha llevado a alcanzar estados de sublime contemplación estética, por otro lado efímeros. A tal respecto, la mayor parte de los estudiosos subraya en cambio el carácter angustioso de la vivencia y la posibilidad de que se desencadenen comportamientos agresivos, en forma de arrebatos homicidas o suicidas.

En cualquier caso y al margen de posibles diferencias ligadas a factores relacionados con la situación o la personalidad de quien toma el fármaco, cabe señalar una serie de efectos bastante típicos y comunes a los distintos alucinógenos. Los efectos sobre el cuerpo afectan sobre todo a la esfera neurovegetativa (con náusea, vómito, sensación de frío, aumento de la presión sanguínea, dilatación de las pupilas) y al sistema nervioso central (incoordinación motora, aumento de los reflejos, etc.).
Revisten sin embargo mayor interés los efectos psíquicos, que configuran un síndrome relativamente constante.

Los ejemplos más típicos de estos cuadros son la mescalina y el LSD.

En el terreno afectivo, destaca la presentación progresiva de un estado de ansiedad, que puede dar un tinte aterrador a toda la experiencia. No obstante, también es posible que se desarrolle un estado de euforia discreta. El pensamiento se torna rápido, aumenta la tendencia del sujeto a distraerse, hasta que la ideación se convierte en un caótico torbellino de asociaciones.
La forma habitual de vivir el espacio y el tiempo acaba por resultar profundamente alterada: todo parece estar en movimiento, el peso y las distancias se anulan y los sonidos y los colores adquieren una viveza insólitos. Aparecen visiones complejas, arabescos de inusitados colores, hasta configurar una especie de sueño con los ojos abiertos, al que el sujeto asiste a menudo sin perder la consciencia del carácter anormal de su experiencia. Precisamente esta consciencia (ausente por definición en las alucinaciones verdaderas) hace que el término «alucinación» no sea el más adecuado en este caso, ya que se trata sobre todo de experiencias ilusorias.

El posible empleo terapéutico de los alucinógenos en las enfermedades mentales no cuenta aún con la aprobación unánime de los psiquiatras.
Por el contrario, cada día se halla más extendido el uso de alucinógenos entre los jóvenes, habiendo llegado a adquirir proporciones alarmantes. Una propaganda insensatamente entusiasta, acompañada de infraestructuras presuntamente filosóficas y de consideraciones críticas sobre la sociedad del «bienestar» (a menudo plenamente justificadas), acaba por conferir una cobertura ideológica a la solución a través de las drogas de cuestiones propias de la crisis juvenil en nuestra sociedad.

Se trata de un problema de proporciones inquietantes, en el que se hallan implicados tanto el político como el científico, quienes no deben limitarse a desarrollar una acción represiva o a señalar los efectos negativos, incluso somáticos, de estas drogas.
En primer lugar, es necesario reconocer la estrecha relación existente entre el malestar general juvenil, el sufrimiento individual de quien adopta comportamientos de toxicomanía y un orden social que empuja hacia soluciones evasivas, a través de las cuales muchos jóvenes tratan de recuperar una ilusoria identidad positiva que no encuentran ni en la familia ni en la sociedad.

En los animales, los alucinógenos poseen también efectos nocivos, provocando modificaciones del comportamiento, como puede observarse en estas dos telas de araña: a) comportamiento normal; b) tela realizada bajo los efectos de la mescalina: nótense las claras alteraciones del entramado de la tela.
Dessin de la mescalie, de H. Michaux, realizado bajo los efectos de la mescalina: nótese cómo las figuras humanas se hallan casi totalmente disgregadas (París, Galería Point Cardinal).

Principales alucinógenos y estupefacientes

nombre origen efectos
mescalina y psilobicina productos derivado de Psicocybe mexicana (hongo) desaparición de complejos e inhibiciones, visiones y delirio
hachís producto obtenido de la resina del cáñamo indio falsas sensaciones; exaltación psíquica; estado confusional y pérdida de la medida del tiempo y del espacio
LSD producto obtenido del cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea) alucinaciones visuales; pérdida de la capacidad de voluntad y delirio; se piensa que se puede volar
marihuana producto obtenido de las flores y las hojas del cáñamo indio falsas sensaciones; pérdida de la capacidad de crítica; exaltación psíquica; estado de euforia y estado confusional consiguiente; pérdida de la medida del tiempo y del espacio
anfetamina producto sintético exaltación de las reacciones físicas y nerviosas

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