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Dependencia a la cocaina

COCAÍNA: SOBREDOSIS

La cocaína es un psicoestimulante con efectos en muchos aspectos análogos a los de las anfetaminas.
Se halla muy extendida la convicción de que no es tóxica o de que tiene una toxicidad totalmente despreciable. Dicho concepto se ve favorecido por su vía de administración, que es la nasal (que elimina los riesgos que entrañan otras sustancias que deben ser administradas por vía venosa o por vía oral) y por el hecho de no determinar dependencia de tipo físico.

El consumo de la cocaína es frecuente en los pueblos de las regiones andinas de Perú y de Bolivia, que utilizan directamente las hojitas de la coca, cuya masticación junto con fragmentos de material calcáreo fuertemente alcalino permite la lenta difusión del alcaloide y su absorción a través de la mucosa oral. La cocaína absorbida sufre en el hígado un proceso de descomposición que afecta a más de la mitad de la dosis introducida.

EFECTOS

La acción farmacológica de la cocaína se manifiesta a través de dos tipos de efectos:
el primero, local, anestésico, debido a la capacidad del alcaloide de bloquear la conducción nerviosa; el segundo, estimulador del sistema nervioso central.

Este último efecto se desarrolla en dos fases sucesivas:
una fase eufórica —con sensación de bienestar interior, ideación rápida, exacerbación de las sensaciones y de la imaginación, así como locuacidad y orientación expansiva de los sentimientos— y una fase de ebriedad. En esta última se producen generalmente ansiedad, hipertensión emocional, imágenes ilusorias e interpretaciones delirantes de contenido persecutorio; en los casos más graves se presentan también formas alucinatorias. Tras la fase de ebriedad sobreviene una fase depresiva, con astenia, abulia y en ocasiones estupor.

En algunas formas de intoxicación muy aguda la cocaína manifiesta una toxicidad específica sobre el corazón, provocando la muerte prácticamente inmediata por parada cardíaca.
Aunque ocurra pocas veces, es posible por tanto morir por consumo de cocaína.
Este concepto choca frontalmente con la idea generalizada de que esta sustancia no es tóxica, es decir con la convicción de que el consumo de cocaína es absolutamente inocuo.

La intoxicación crónica pasa por tres estadios.

El estadio eufórico, en el que el cuadro es similar al descrito en el caso de la intoxicación aguda: el malestar posterior a cada dosis es sin embargo de tal magnitud que el sujeto se ve inducido a seguir administrándose cocaína. De forma más o menos rápida se instaura a continuación el estadio de la alucinosis, con falseamiento ilusorio de las sensaciones, pseudo alucinaciones (voces interiores, eco del pensamiento, fuga de pensamientos) o auténticas alucinaciones visuales y sobre todo táctiles.
El síndrome alucinógeno cursa acompañado de un estado de ánimo ansioso, con tendencia a reacciones de susto-defensa, que a menudo culminan en agresiones a los presuntos perseguidores o en acciones suicidas.
El estadio terminal se caracteriza por grave deterioro físico y, en el terreno psicopatológico, por el deterioro de tipo «orgánico» de la personalidad, con apatía, improductividad, grave degradación ética y perversión del instinto sexual.
La dosis mínima letal para la cocaína, cuando se absorbe a través de la mucosa nasal, gira en torno a los 500 mg en el caso de un hombre adulto; no obstante, algunos sujetos cocainómanos pueden consumir hasta 4 gramos de cocaína al día.
En los sujetos que manejan grandes cantidades de droga el consumo se produce generalmente por aspiración de cristales por vía nasal. Dicha modalidad de consumo produce, debido a la intensa acción irritante local de la cocaína, numerosas lesiones de la mucosa nasal, que pueden provocar la ulceración y la perforación del tabique nasal.
El tratamiento por sobredosis de cocaína se basa en el control de la respiración y de las convulsiones y en el mantenimiento de la actividad cardíaca. Los fármacos eventualmente indicados son las benzodiacepinas, debido en parte a su acción miorrelajante.

COCAÍNA: ABSTINENCIA

La OMS (Organización Mundial de la Salud) atribuye a la dependencia de la cocaína las siguientes características:
a un notable deseo o una notable necesidad de seguir consumiéndola o de obtenerla a toda costa;
* la falta de tolerancia a los efectos de la sustancia;
* la dependencia psíquica en relación a los efectos según su experiencia subjetiva;
* la ausencia de dependencia física y, en consecuencia, la ausencia de un síndrome de abstinencia tras la interrupción brusca del consumo; la abstinencia se caracteriza por trastornos psíquicos, con un fuerte deseo de consumir la sustancia.

La abstinencia de cocaína en un consumidor crónico provoca por tanto un malestar
psíquico inespecífico. En algunos casos puede determinar un estado de depresión, de desinterés y de aletargamiento. El estado de abstinencia de cocaína puede requerir una actuación médica de urgencia.

A diferencia de las anfetaminas, entre los consumidores habituales de cocaína no se registra tendencia a aumentar la dosis con el tiempo. Existen datos clínicos que confirman una posible hipersensibilidad a algunos de los efectos mencionados.
El síntoma más llamativo en la abstinencia sigue siendo la depresión, que debe ser tratada por especialistas y sometida a seguimiento para evitar intentos de suicidio. El tratamiento de elección será el apoyo psico-terapéutico, al menos inicialmente, dado que tampoco los antidepresivos son activos antes de los 10-15 días de tratamiento.

Crack, pasta base, y nuevas drogas

Hace ya algunos años tanto en España como en el resto de Europa se anunció que pronto llegarían nuevos flagelos para el mundo de las drogas, preludio de una nueva e impresionante escalada de muertes. Se trataba de nuevas y explosivas mezclas de efectos mortales que en Estados Unidos estaban ya imponiéndose a gran escala, habiendo multiplicado por cinco el consumo de drogas de los últimos años.

El más conocido de estos nuevos estupefacientes es una mezcla de cocaína, bicarbonato y otras sustancias tóxicas. Su nombre, «crack», responde probablemente a su efecto fulminante, cuya potencia es diez veces superior a la del LSD.

Esta sustancia se fuma mediante pequeñas pipas de cristal: de esta forma entra directamente en el aparato respiratorio y en apenas seis segundos llega al cerebro, vehiculada por la circulación sanguínea. Su amplia difusión se debe sobre todo a su bajo costo, un quinto de lo que cuesta una dosis equivalente de cocaína tradicional. La dependencia inmediata y las violentas reacciones que genera esta droga han causado ya muchísimas víctimas, y cada día más jóvenes. Incluso niños menores de 10 años.

Esta droga, que algunos han definido como «de los pobres», se vende sobre todo a los jóvenes, que la llevan en su bolsillo en formas de cápsulas de colores, como si fueran simples vitaminas. En Estados Unidos la trayectoria del crack ha sido rapidísima. Desde Los Angeles hasta Nueva York el crack se consume hoy día en escuelas, oficinas y fábricas. Pero también en las «crack houses», sórdidos apartamentos que han surgido entre la degradación general de los tugurios de la ciudad y en los que dos habitaciones son suficientes para elaborar y vender el producto. La policía no da abasto, ya que no ha acabado aún de desmantelar uno cuando ya se ha abierto otro.

Puntualmente, tras su rodaje en Estados Unidos, el crack llegó también a Europa. Y en España, este mortal alucinógeno se ha cobrado ya también sus primeras víctimas.
Junto al crack, se han comercializado además otros tipos de drogas. Una de ellas es el «basuco» o paco, la pasta base, con muy amplia difusión en américa del sur, sobre todo en Argentina y Uruguay, donde crecion desde el 2002, generado su consumo a raíz de las crisis económicas de estos paises, que al igual que el crack puede fumarse y por consiguiente es absorbido y despliega sus efectos muy rápidamente.

De origen colombiano, el basuco es una sustancia blanquecina obtenida a partir de los residuos de producción de la cocaína y de la marihuana. Se trata de un alucinógeno de gran efecto, pero muy pobre. Su bajo precio de venta no da pie a que las numerosas organizaciones criminales que se dedican al comercio de sustancias estupefacientes obtengan grandes beneficios, a diferencia de otras sustancias de costo mucho más alto. Por ello no aparece en el mercado más que en casos de urgencia, es decir cuando se intensifican los secuestros de droga pura y cuando se bloquean las vías internacionales de abastecimiento.

De Brasil está llegando, por otro lado, el «epadu». Se trata de una sustancia extraída de una planta muy extendida en aquella región, cuyo cultivo y producción puede superar la producción total de cocaína de Colombia y Venezuela juntas. El costo de producción es inferior al de la cocaína, aunque los efectos, como declaran alarmadas las propias autoridades brasileñas, son muy superiores.

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