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DOLORES ABDOMINALES

el estomago

En las situaciones criticas más frecuentes, es más importante saber lo que no se debe hacer que las pocas cosas que se deben hacer para reducir los riesgos antes de acudir al médico.

EN LA PATOLOGÍA del aparato digestivo el término «urgencia» tiene una connotación que, aun existiendo también en otras situaciones, es en este caso totalmente especial y tiene que ver con la persona dispuesta a prestar su ayuda.

Dado que las manifestaciones de las lesiones agudas del aparato digestivo son a menudo de difícil interpretación incluso para el más atento de los observadores, es una buena regla general, ante todo, no infravalorar nunca los signos de una afección abdominal; es preferible realizar una hospitalización de urgencia por una sospecha de apendicitis inexistente que arriesgarse a no hospitalizar a tiempo y someter a una intervención quirúrgica a un paciente de apendicitis con manifestaciones no del todo evidentes.
En segundo lugar, se puede decir que en la patología abdominal de urgencia son en general más importantes las cosas que no deben hacerse que las que es aconsejable hacer.
De todos los posibles ejemplos, merece la pena recordar la peligrosidad que puede entrañar la administración de un purgante en el curso de una apendicitis confundida con una simple indigestión intestinal.
Por consiguiente, en los casos de urgencias abdominales no hay que considerar a la ligera la naturaleza del trastorno ni aventurar tratamiento alguno.

• Indigestión.

En la indigestión banal, tan frecuente sobre todo en los niños, y de cuya resolución se encarga a veces de forma natural el vómito, hay que limitarse a seguir una dieta ligera hasta cuando el niño manifieste la voluntad de tomar alimentos más consistentes. Para arreglar la situación del estómago, puede valer un poco de té con limón.

* Cólicos.

En los cólicos, dolores abdominales en forma de calambres muy corrientes entre los niños pequeños después de las comidas, aparte de la eructación, poco más se puede hacer, excepto mantener la calma y no transmitir ansiedad al bebé. En los casos en los que los cólicos se repiten con excesiva frecuencia, es conveniente comprobar que no existe incompatibilidad con respecto a algún componente de la dieta.

• Invaginación intestinal.

No obstante, hay que recordar que los dolores abdominales con carácter de calambre pueden deberse también, sobre todo en los niños menores de 5 años, a una invaginación intestinal, que consiste en el deslizamiento de un segmento intestinal por el interior del segmento siguiente. En estos casos, las manifestaciones suelen ser más evidentes, a menudo similares a las de una apendicitis; aparte de dolor muy intenso, se producen vómitos, postración y diarrea, inicialmente con moco y luego con sangre. Los primeros auxilios consisten fundamentalmente en proceder a la hospitalización inmediata en una unidad quirúrgica y a ser posible, si se trata de un niño pequeño como sucede en la mayor parte de los casos, en un departamento de cirugía infantil.

* Apendicitis.

La apendicitis es una de las situaciones más frecuentes de urgencias en medicina y también aquella en la que se cometen más errores de valoración e intervención. En primer lugar, no hay que olvidar que aunque la franja de edad afectada en mayor me¬dida es la comprendida entre los 5 y los 14 años, la apendicitis es también frecuente a edades avanzadas, después de los 55 años, cuando es incluso mayor el principal peligro ligado a ella: la perforación.
La sintomatología que acompaña a un ataque de apendicitis puede ser muy variada: sensación de cansancio, pérdida de apetito, náuseas, vómito, estreñimiento o, más rara vez, diarrea. El dolor, de diversa intensidad, puede empezar en el epigastrio en correspondencia con el estómago, para luego localizarse en el cuadrante inferior derecho del abdomen. La fiebre aparece de forma tardía.
Cuando se sospecha que se trata de una apendicitis, no hay que permitir el consumo de bebida o alimento alguno, excepto algún sorbo de agua. Se debe colocar al paciente en posición semirrecostada, con la cabeza y el tronco algo por encima del plano de la cama. Un cojín colocado debajo de las rodillas permitirá mantener las piernas en flexión y en consecuencia relajar la musculatura abdominal. Una pequeña bolsa de hielo envuelta en una toalla contribuirá a reducir la inflamación. El paciente debe ser examinado inmediatamente por un médico y eventualmente hospitalizado: es mejor operar una apendicitis inexistente que no intervenir sobre un apéndice inflamado, evitando así serios riesgos.

• Cólico biliar.

No corre en cambio prisa la hospitalización de un paciente afectado por un cólico biliar, asociado a espasmos de la vesícula o de los conductos biliares en un intento de liberarse de los cálculos. En efecto, la vesícula y los conductos biliares difícilmente pueden romperse, mientras que éste es un accidente muy frecuente en las apendicitis. El diagnóstico de cólico biliar se ve a menudo facilitado por el hecho de que con frecuencia no se trata del primer ataque del paciente o se sabe que padece trastornos por cálculos o, por lo menos, trastornos hepáticos. El dolor del cólico hepático, cuyo epicentro es el cuadrante superior derecho del abdomen, posee generalmente una típica irradiación hacia la escápula derecha. Mientras se espera la llegada del médico, que puede aliviar el dolor mediante la administración de fármacos adecuados a tal fin, se puede colocar al paciente en posición semirrecostada y se puede aliviar en cierta forma el dolor aplicando sobre la región dolorida una bolsa de agua caliente.

Constituye en cambio una situación de emergencia extrema la perforación de una úlcera gastroduodenal. Las manifestaciones pueden ser dramáticas y muy indicativas cuando se registran en un sujeto portador conocido de una úlcera gástrica o duodenal. Cuando la perforación se produce en la cavidad peritoneal, el dolor en el epigastrio o en el cuadrante superior derecho del abdomen es violento, a modo de puñalada; la respiración es superficial; el paciente se mantiene inmóvil; localmente, la pared abdominal se halla contraída, pero muy pronto la contractura se extiende a todo el abdomen, así como el dolor; es frecuente el vómito y el estancamiento de las heces. La presentación de la peritonitis se halla marcada por la aparición de un estado de shock: el paciente, aunque consciente, se halla apático; presenta piel pálida, lívida y fría; su pulso es muy frecuente y filiforme; las pupilas están dilatadas. La vida del sujeto depende de una intervención quirúrgica de urgencia, por lo que lo único que la persona que presta su ayuda puede y debe hacer es encargarse de la inmediata hospitalización de la víctima, a ser posible avisando previamente al hospital para que la sala de operaciones esté preparada a tiempo.

• Hernia.

El término hernia indica la protrusión de un órgano o de una parte del mismo a través de la pared de la cavidad en la que normalmente se halla contenido. En la patología abdominal, las dos hernias más comunes son la inguinal y la crural, en las que un segmento de peritoneo o de intestino salen al exterior a través del canal inguinal la primera y del crural la segunda.
La hernia inguinal es más frecuente en los varones, la crural en las mujeres.
El diagnóstico de hernia se establece sobre la base del saliente que aparece en correspondencia con la protrusión y que puede desaparecer cuando el paciente se acuesta y las estructuras herniadas vuelven a entrar en la cavidad abdominal. Si esto no sucede, se dice que la hernia se ha incarcinado. Si, además de ser irreductible, la protrusión aparece roja y es dolorosa, se habla de hernia estrangulada. En este último caso, la irrigación sanguínea de la estructura herniada puede verse comprometida hasta la necrosis (muerte de los tejidos).
Las intervenciones de urgencia ante una hernia pueden consistir en e) intento de hacer que la estructura protraída vuelva a su posición haciendo que el paciente se recueste, es decir, que mantenga las extremidades inferiores más altas que la cabeza y practicando eventualmente una ligera presión manual. Si la maniobra resulta, la intervención quirúrgica puede posponerse; si no se consigue y se producen signos de sufrimiento, es necesario proceder a la hospitalización inmediata en una unidad quirúrgica.

* Oclusión intestinal.

Las hernias pueden ser causa de oclusión intestinal, es decir, pueden constituir un obstáculo al avance del contenido intestinal. Esta misma situación puede verse determinada por otras causas externas al canal alimentario (adherencias, torsiones, tumores), internas (cuerpos extraños, tumores, bolas de parásitos, invaginaciones, etc.), o bien nerviosas (oclusión paralítica).
La sintomatología de la oclusión intestinal se caracteriza por dolor, a menudo muy fuerte, agudo o progresivo; cierre de la luz a las heces y a los gases; vómito; postración; caída de la presión, y aumento de la frecuencia cardíaca. Es evidente que la oclusión intestinal constituye una situación gravísima que requiere hospitalización inmediata. En el periodo que transcurre entre la sospecha de una oclusión y la hospitalización no debe administrarse nada por boca al paciente. Si resulta inminente o se ha presentado ya un estado de shock, se procederá como ya se ha descrito anteriormente.

* Prolapso de recto.

Una situación bastante común en los niños y en los adultos afectados por hemorroides, proctitis y pólipos, es el prolapso de recto, es decir, la salida al exterior de uno o varios estratos de la pared del intestino recto a través del orificio anal.
En los niños se debe proceder a la reducción manual del prolapso; cualquier retraso puede suponer el estrangulamiento de la estructura prolapsada. Una vez efectuada la reducción, se debe acostar al niño en una cama con los pies algo levantados. La aplicación de compresas frías puede servir para reducir la tumefacción local que eventualmente haya podido producirse; por último, se debe acercar bien las nalgas entre sí mediante esparadrapo. A continuación se puede proceder al internamiento inmediato en una unidad quirúrgica, a ser posible infantil.
En los adultos, la reducción manual del prolapso es más difícil, por lo que se deberá proceder a la hospitalización inmediata del paciente para una intervención quirúrgica.

– dolores de abdomen

Representación esquemática del aparato digestivo y de las afecciones agudas que pueden presentarse con mayor frecuencia. El diagnóstico diferencial entre las distintas enfermedades agudas del abdomen no es a menudo fácil ni para el médico, sobre todo cuando el dolor no tiene una localización exacta, sino que se extiende a todo el abdomen. Es orientativo de apendicitis un dolor intenso percibido fundamentalmente en la parte inferior derecha. El diagnóstico de cólico hepático puede resultar fácil si el paciente presenta cólico ictérico; la ausencia de ictericia no excluye sin embargo dicho diagnóstico. Un dolor abdominal violento en un paciente con una historia de úlcera gástrica o duodenal orienta hacia la existencia de una úlcera perforada. Las colitis cursan acompañadas de trastornos intestinales, diarrea o estreñimiento.

 

 

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