Para mejorar nuestra personalidad

Éste es otro objetivo del trabajo interior.

Hay personas que aunque puedan tener esos problemas, no se dan cuenta de ellos, quizá porque esos problemas no alcanzan en ellos una urgencia, una gravedad. Por otra parte, sienten con más fuerza la necesidad de desarrollar unas nuevas capacidades, porque la vida exterior lo exige, y se dan cuenta de que si pudieran dar un rendimiento superior tendrían unas posibilidades (profesionales, sociales) mayores que las que tienen actualmente.

También se da cuenta la persona de que si quiere ser más capaz es de su interior que debe adquirir esta capacidad, es desde dentro que se ha de desarrollar. Entonces esta cultura interior de las facultades, esta cultura que no depende de los libros, que no se adquiere como los conocimientos técnicos sino que requiere una gimnasia interior, ese desarrollo interior, ha de hacerse mediante unas prácticas determinadas que le permitan ejercitar de una manera sistemática y directa sus facultades interiores.

Algunas de las cualidades que se pueden desarrollar mediante el trabajo interior son las siguientes:

—tener una mayor serenidad para afrontar las situaciones;
—tener una mayor fuerza personal, una mayor capacidad de impacto;
—tener una mayor capacidad de concentración y de asimilación;
—poder asumir mayores responsabilidades (al aumentar su capacidad de rendimiento intelectual).
Porque es un camino para llegar a descubrir la propia verdad interior

Eso es especialmente importante para las personas que no se satisfacen viviendo sólo las exigencias inmediatas, los objetivos que la vida les propone en distintos momentos, sino que sienten la necesidad de comprender el porqué de la vida y el porqué de las demás vidas, que sienten una necesidad de conocimiento, de verdad, una necesidad de conocerse más a sí mismos, una necesidad de ser más uno mismo. Y que sienten la necesidad de descubrir y acercarse no sólo a la realidad íntima de sí mismo, sino también a la Realidad Suprema, a esto que intuimos y que le damos el nombre de Dios o de Absoluto.

El trabajo interior se convierte, pues, en un medio para llegar a descubrir por vía experimental esa naturaleza espiritual, esa realidad interior, y vivirla, convertirla en experiencia viva, logrando que la espiritualidad, la realización espiritual, no sea sólo una creencia, una cosa puramente teórica, sino que sea una realidad viva, algo vivido experimentalmente.

La Mente, instrumento esencial

Para hacer esto que llamamos trabajo interior ¿de qué disponemos? ¿Cuáles son los instrumentos? El instrumento esencial del trabajo interior es la Mente. Pero con la mente se nos plantea enseguida un problema curioso; porque la mente es un instrumento de trabajo, pero al mismo tiempo es el principal obstáculo para el trabajo. Veamos por qué.

Nuestra mente se ha acostumbrado a funcionar de un modo muy tenso, muy acelerado, crispado y superficial, porque -como hemos dicho- necesita estar constantemente atendiendo necesidades y exigencias del exterior, y como en estas necesidades y exigencias van involucradas cosas de valor para la persona -incluso de mucho valor-, la persona no sólo pone interés e inteligencia en la solución de sus problemas, sino que también pone miedo, ansia, y, a veces, desesperación.

Esto hace que la mente ya no funcione en su capacidad puramente intelectual sino que quede envuelta por estos mecanismos afectivos que la traban. Del mismo modo que si pusiéramos unos objetos dentro de los engranajes de una maquinaria la trabarían, también todos los miedos, las impaciencias, las angustias, son verdaderos obstáculos que impiden el normal funcionamiento de nuestra maquinaria mental.

Esto sucede porque nuestra mente se ha acostumbrado a funcionar así, se ha acostumbrado a buscar continuamente, a pasar de un objeto a otro con rapidez, sin ahondar, sin sopesar las cosas con profundidad, con serenidad, y está corriendo siempre al galope, de tal manera que cuando queremos imponerle el silencio no lo conseguimos; la mente va por su propio camino y adquiere autonomía, y muchas veces nos cuesta trabajo seguirla. Por eso, la mente, que es el medio de conocimiento, el medio de toma de conciencia, como habitualmente funciona con un ritmo acelerado, superficial y distorsionado, se convierte en un obstáculo cuando queremos manejarla para ahondar en nosotros, para contactar con lo que pueda existir de positivo en nuestro interior.

Y cuando la persona quiere ahondar se encuentra con que no puede; cuando quiere concentrarse se encuentra con que la mente «se le va», se le escapa. La persona no es capaz de contactar con su propio interior porque nunca se ha interesado por ello, no se ha educado en esta dirección.

Otra causa que convierte la mente en obstáculo lo constituye el que nos hemos acostumbrado a buscar soluciones a todos los problemas a través del pensamiento. Como los problemas del mundo exterior los manejamos por medio de esa capacidad de simbolización que es nuestro pensamiento y nuestro lenguaje, cuando sentimos un problema interior y queremos ahondar en él no sabemos adoptar más que esta misma herramienta y el mismo procedimiento que utilizamos para lo exterior: el simbolismo del pensamiento y el lenguaje.

Pero nuestra realidad interior no podemos descubrirla mediante el pensamiento. Nuestra realidad interior necesita de otras capacidades mentales que no son el pensamiento. Necesita de nuestra lucidez, de nuestro intelecto, pero no de nuestra capacidad de razonar, la cual es una de las capacidades elementales de nuestra mente. Pero como en la vida diaria no utilizamos más que esta capacidad, queremos utilizar esta misma capacidad para resolver problemas interiores y para ahondar en nosotros mismos.

De esta manera la mente se convierte en problema, en un nuevo obstáculo, cuando tratamos de descubrir de un modo más directo qué es nuestra esencia, nuestra realidad, nuestras fuerzas vivas. Pero a pesar de esto, la mente es el medio, la mente es camino.

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