RIESGOS LIGADOS A LOS ALIMENTOS Y A LAS BEBIDAS

COMIDAS Y BEBIDAS constituyen en algunos países uno de los principales vehículos de difusión de enfermedades.

Una buena norma general es comer alimentos cocidos en el momento, hervir el agua y la leche, evitar el hielo y, en casos especiales, saltarse una comida mejor que ingerir alimentos considerados peligrosos.

RIESGOS LIGADOS A LOS ALIMENTOS Y A LAS BEBIDAS

• Alimentación y agua potable.

“Tened cuidado con lo que coméis.” A menudo se repi­te este consejo a los viajeros, aunque sean pocos quienes lo siguen.
La mejor forma de protegerse es elegir y preparar con cuidado los alimentos y las bebidas; por desgracia el aspecto de los alimentos no es en absoluto garantía de salubridad.

La principal precaución personal que hay que tomar es tener en cuenta que la leche no pasterizada y cualquier otro alimento crudo, a excepción de las frutas y verduras que puedan pelarse, pueden estar contaminados y ser por tanto peligrosos.

También por cuanto respecta a los alimentos cocidos el viajero debe asegurarse de que éstos hayan sido co­cidos completa y recientemente; los alimentos cocidos cierto tiempo antes de su consumo deben conservarse a una temperatura inferior a los 10 °C o superior a los 60 °C, para garantizar su salubridad.

Los alimentos cocidos conservados a temperatura ambiente durante más de 4 ó 5 horas se cuentan entre los mayores responsables de las enfer­medades de origen alimentario. La leche no pasteurizada debe hervirse antes de ser consumida; los helados son también peligrosos.
A menos que se esté completamente seguro de su pureza, el agua de bebida debe hervirse hasta la ebullición, clorarse y filtrarse. Hay que evitar el hielo no preparado con agua hervida.
En algunos momentos del año distintas especies de peces y de crustáceos contienen toxinas peligrosas, incluso si han sido bien cocidos. Lo mejor es acudir a las autoridades sanitarias locales para obtener información exacta sobre las especies peligrosas.

Diarrea del viajero.

La diarrea es con mucha diferencia la causa más común de enfermedad entre los viajeros. No existe vacuna capaz de conferir una protección general contra la diarrea. No se puede tener plena confianza en la vacuna contra el cólera disponible en la actualidad, ya que ofrece una protección de corta duración. La vacuna contra la fiebre tifoidea confiere cierta protección, pero la forma inyectable por via intramuscular puede tener desagradables efectos colaterales.
La prevención de la “diarrea del viajero” (mediante subsalicilato de bismuto y antibióticos) no figura entre las medidas más recomendadas; numerosos especialistas desaconsejan el uso de antibióticos, dado que éstos pueden producir farmacorresistencia de los agentes patógenos.
Estos fármacos no care­cen tampoco de efectos colaterales, entre ellos la diarrea. Su empleo debe limitarse a los adultos que tengan problemas médicos y que deban pasar hasta tres semanas en regiones en las que no es posible conseguir ni alimentos ni agua salubres.
Los viajeros deben ser conscientes de la necesidad de detener la deshidratación resultante de la diarrea bebiendo un líquido re­hidratante que contenga sal y glucosa. La deshidratación causada por la diarrea es pe­ligrosa a cualquier edad, pero sobre todo en los niños pequeños.
Los antidiarreicos, incluidos los moderadores del tránsito intestinal, pueden tener efectos indeseables, por lo que antes de su uso se debe siempre consultar a un médico. Se debe evitar además su prescripción a los niños. La disentería bacteriana y las infecciones intestinales por protozoos y por helmintiasis exigen un tratamiento específico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.