FRACTURAS

FRACTURAS

En caso de sospecha de fractura, deben respetarse una serie de normas fundamentales, con objeto de no provocar ulteriores daños.

LA FRACTURA es la interrupción de la continuidad de un hueso.

Con mucha frecuencia, las fracturas se producen a raíz de un accidente traumático.
Hay también fracturas espontáneas, en el sentido de que no existe un episodio traumático que las haya desencadenado, o se trata de un episodio sin importancia: son los huesos los que no ofrecen ya la resistencia habitual. Esta circunstancia puede registrarse en el curso de enfermedades, como el raquitismo, la osteoporosis, la osteomielitis, las tuberculosis óseas, las metástasis, etcétera, que suponen modificaciones de la estructura de los huesos.

En cualquier caso (salvo situaciones especiales de fracturas múltiples por traumatismo grave), resulta afectado todo el organismo, que reacciona de distinta manera según el individuo.
Por consiguiente, ante una fractura, la preocupación en unos primeros auxilios ha de ser doble: por un lado hay que preocuparse de la lesión y por otro del estado general del paciente y de su reacción al traumatismo.

TIPOS DE FRACTURAS

En primer lugar, cabe distinguir entre fracturas cerradas y fracturas abiertas o expuestas. Se habla de fractura abierta cuando la interrupción de continuidad del hueso va acompañada de una herida a través de la cual el hueso fracturado se halla en contacto con el exterior, por lo que la lesión de los tejidos y de la piel suprayacente a la fractura está casi siempre infectada. Se habla en cambio de fractura cerrada cuando los tejidos que recubren el hueso fracturado se encuentran íntegros y lo separan así del exterior.
Tanto en las fracturas abiertas como en las cerradas pueden existir lesiones de distinto grado de los nervios, de los vasos sanguíneos y linfáticos y de los tejidos blandos próximos. No siempre es fácil darse cuenta de que se ha producido una fractura, pero es necesario reducir al máximo el margen de error, para evitar daños graves debidos a la manipulación del paciente.
En general, puede decirse que no reconocer una fractura es mucho más grave que suponerla cuando no existe.
En las fracturas completas, los signos son casi siempre fácilmente identificables: dolor circunscrito, tumefacción, impotencia funcional, movilidad anormal en el foco de fractura, ruidos característicos (crepitación) que, sin embargo, no deben nunca provocarse, y deformidad de la región lesionada (alargamiento o acortamiento, desviaciones laterales, rotaciones, etcétera).

CÓMO SE RECONOCE UNA FRACTURA

Naturalmente, en el reconocimiento de una fractura es esencial el conocimiento del episodio traumático que ha provocado la presentación de la sintomatología. Existen situaciones, especialmente en las fracturas incompletas, en las que el reconocimiento no resulta fácil, ya que los signos son escasos. En estos casos dudosos es necesario proceder con sumo cuidado.

En primer lugar, se puede tratar de desvestir con cuidado la zona afectada: si la maniobra produce dolor o resulta difícil, se aconseja suspenderla inmediatamente y proceder como si se supiera con certeza que el paciente tiene una fractura. En los casos menos graves, y sólo en estos casos, el auxiliador puede tratar de desvelar la existencia de un dolor localizado explorando con un dedo el hueso que se supone fracturado en toda su longitud. En caso positivo, cuando el dedo llega a la altura de la lesión, el aumento del dolor proporciona un elemento importante para confirmar la sospecha de una fractura.

Las consecuencias más frecuentes de las fracturas son el shock, las infecciones (de las fracturas abiertas) y la posibilidad de que émbolos gaseosos se desprendan de las lesiones y alcancen los pulmones, dando lugar a dolor, dificultad respiratoria, aumento de la frecuencia cardíaca, agitación, etcétera.
Estas posibles consecuencias imponen la hospitalización urgente del paciente, que será sometido a un estudio radiológico y a una atenta observación médica hasta poder excluir la posibilidad de complicaciones graves.

Reglas para socorrer a un fracturado

• no cambiar de postura al accidentado hasta haber establecido la localización y la naturaleza de la lesión;
• no permitirle que se siente y mucho menos que se levante hasta haber comprobado que no hay peligro;
• a menos que sea absolutamente necesario, no mover al paciente antes de haber inmovilizado la fractura;
• no tratar de acelerar el transporte al hospital con medios poco idóneos o peligrosos, como introducir al paciente en el asiento posterior de un vehículo obligándole a realizar contorsiones y flexiones que podrían complicar seriamente sus lesiones;
• en las fracturas abiertas, se aconseja no desinfectar la herida, sino limitarse a extender por encima de ella, sin tocarla, unas compresas de gasa estériles, si se dispusiese de ellas, y si no, una tela limpia;
• inmovilizar la fractura lo antes posible;
• mantener tumbado al fracturado, a la espera de un ambulancia.

SINTOMATOLOGÍA DE LAS FRACTURAS

Dolor

El dolor que se presenta en una fractura suele ser intenso. Se acentúa a cada intento de movilidad y a la compresión. En las fracturas patológicas (o espontáneas), en las que un hueso ya enfermo se rompe por una acción mecánica casi impercetible, el dolor puede limitarse únicamente a una ligera dolencia.

Impotencia funcional

La imposibilidad de realizar movimientos es constante en las fracturas completas, mientras que puede ser discreta o apenas perceptible sí la rotura es incompleta.

Deformación

Es el primero de los síntomas que hay que buscar y a menudo se presenta con caracteres muy manifiestos. Es muy frecuente la tumefacción de las partes blandas localizadas por encima del hueso fracturado. En ocasiones es evidente el acortamiento del miembro o una postura viciada.

Movilidad anormal y ruidos de crepitación

Estos signos no han de buscarse, ya que implican la realización de maniobras dolorosas sobre los tejidos que rodean el hueso fracturado.

Temperatura

La fiebre, que alcanza valores en torno a los 38-39 °C sobre todo en los primeros días, se debe a la resorción del hematoma que se ha formado en e¡ foco de fractura. A este signo de reacción generalizada se suma un aumento de la temperatura local, en el foco de fractura.

——————————————————

Las fracturas de los huesos largos pueden ser de distinto tipo en función del desplazamiento de los fragmentos del hueso fracturado.
A la izquierda, fractura de fémur sin desplazamiento de los fragmentos óseos. Cuando existe desplazamiento de los fragmentos, el tipo y el grado de deformación varían en función de la modalidad del traumatismo (figura central).
A la derecha, fractura abierta. En las fracturas abiertas, los extremos de la fractura determinan una herida de los tejidos y de la piel correspondientes a la fractura. En este caso, son especialmente temibles las infecciones del hueso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.