EXTRACCIÓN DE CUERPOS EXTRAÑOS

Accidentes con cuerpos extraños en nuestro cuerpo

Requiere una intervención inmediata sólo cuando la vida del infortunado se halle tan en peligro que dependa de la prontitud de la ayuda.

LOS CUERPOS EXTRAÑOS que pueden dañar partes particularmente expuestas del cuerpo son numerosos y muy distintos: partículas de polvo, astillas, alfileres, botones, etcétera. En ocasiones, estos objetos extraños pueden ser eliminados con facilidad, pero a menudo se registran situaciones de emergencia en las que una intervención a destiempo puede costarle mucho al infortunado, incluso la vida. Por ello, es necesario, al menos en los accidentes más comunes y en los más peligrosos para la vida, darse cuenta de la gravedad del accidente y de las posibilidades reales de actuación.

Los ojos.

Los especialistas coinciden en que es mejor abstenerse de realizar sobre el ojo cualquier manipulación orientada a la extracción de eventuales cuerpos extraños. Si el lagrimeo no basta para limpiar el ojo, lo único que se puede hacer es bajar el párpado superior sobre el inferior con objeto de facilitar el flujo de las lágrimas y la salida del cuerpo extraño; si dicha maniobra resulta inútil, es mejor acompañar al paciente a un oftalmólogo.
La exploración del ojo puede realizarse cogiendo las pestañas- con delicadeza, al mismo tiempo que se invita al sujeto a mirar hacia abajo, para enrollar el párpado hacia arriba alrededor de un lápiz fino. Si el cuerpo extraño resulta visible, se puede intentar su extracción con la punta de una gasa estéril humedecida. Si el cuerpo extraño no es visible, es muy probable que esté sobre la córnea y que pase inadvertido sobre el fondo, generalmente oscuro, del iris subyacente. En estos casos, es mejor llevar al accidentado al hospital.

El oído.

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La penetración de un cuerpo extraño en el oído es un accidente bastante frecuente, sobre todo en los niños. La tentación de intervenir mediante instrumentos improvisados debe evitarse siempre: la mayoría de las veces lo único que se consigue es empujar el objeto aún más hacia dentro, con el consiguiente riesgo de romper la delicada membrana del tímpano.
Lo único que se puede hacer es tratar de favorecer la eliminación del cuerpo extraño instilando en el oído unas gotas de aceite y manteniendo la cabeza inclinada hacia el lado opuesto para dejarlo actuar: a continuación, dejar que el aceite salga para que pueda arrastrar hacia afuera el cuerpo extraño.
Si dicha medida resulta ineficaz, se aconseja acompañar al paciente a un servicio de urgencias. La nariz. Las cavidades nasales constituyen una de las localizaciones preferidas de los niños a la hora de introducirse objetos diversos.

La operación más segura y eficaz consiste en hacer que el paciente estornude, obligándole, si fuera necesario, a inhalar una pizca de pimienta. Si el estornudo no consigue su propósito, no se debe tratar de extraer el cuerpo extraño mediante instrumentos improvisados: la mayoría de las veces el resultado es que se empuja el objeto que se desea extraer a rincones a los que incluso el otorrinolaringólogo tiene difícil acceso.

La piel.

Para extraer una astilla clavada en la piel, ponga al rojo vivo la punta de una aguja y déjela enfriar; al mismo tiempo, limpie bien la superficie cutánea afectada con agua y jabón. Con la punta de la aguja, rasgue la piel a lo largo de la astilla hasta descubrir un segmento de la misma lo suficientemente largo como para poder cogerlo con unas pinzas. Una vez realizada la extracción, lave la pequeña herida con agua y jabón. Por cuanto respecta a las astillas clavadas bajo las uñas, es mejor acudir al médico.

Las vías respiratorias.

La introducción de un cuerpo extraño en las vías respiratorias es un accidente muy frecuente, dramático siempre y a menudo letal. El tiempo máximo que puede transcurrir antes de unos primeros auxilios, para que éstos sean eficaces, es de unos 4 minutos, tras los cuales la falta de oxígeno lesiona de forma irreparable el tejido cerebral. La sintomatología es evidente: presa de angustia y con la mano en el cuello, el paciente realiza esfuerzos espasmódicos para respirar, con la cabeza hacia atrás y la cara morada. Un signo de gravedad especial es el hundimiento que se produce por encima de la clavícula, debido a que el diafragma y todos los músculos inspiradores se encuentran en estado de máxima contracción, por lo que se produce una importante depresión intratorácica.

En estos casos, la prestación de unos primeros auxilios debe ser rapidísima. Lo primero que se puede hacer es intentar la maniobra de Heimlich, llamada así por el médico que la propuso. La persona que se brinde a prestar su ayuda debe coger a la víctima por detrás, apretando contra la parte superior del abdomen, justo por debajo del esternón, el puño de una mano sujeto por la otra, con objeto de imprimir con fuerza varias presiones hacia arriba.

Si el accidentado está tumbado o el auxiliador no puede sujetarlo de pie, puede realizarse la misma operación colocándose a caballo sobre la víctima y ejerciendo presión con una mano sobre el puño de la otra.
Lo que en cualquier caso hay que evitar siempre, sobre todo en los niños, es tratar de extraer el cuerpo extraño introduciendo un dedo en la boca, ya que la mayoría de las veces tan sólo se consigue empujar el cuerpo extraño hacia el interior de las vías respiratorias.
En el caso de un niño, se aconseja cogerlo por los pies, con la cabeza hacia abajo, y darle varios golpes fuertes en la espalda, entre las escápulas. Si la víctima es un adulto, se le puede también colocar en posición inclinada o tumbarlo sobre una mesa boca abajo y darle luego varios golpes entre las escápulas. La urgencia del momento no suele permitir efectuar más maniobras; aún así, en cuanto sea posible y quizá con la ayuda de otras personas, es conveniente sacar de la boca de la víctima eventuales piezas dentarias postizas o bien limpiar la cavidad oral de moco y de otras secreciones que, acumulándose, pueden dificultar la restauración de la función respiratoria normal. Si ninguna de estas maniobras resulta eficaz, se impone la realización, con cualquier medio y por muy dramática que pueda parecer, de la cricotraqueotomía.
Se coloca un cojín debajo de los hombros de la víctima de forma que el cuello quede bien extendido y se busca el borde superior del cartílago tiroides, a partir de la nuez de Adán; una vez identificado el borde superior, se deberá descender con el dedo hacia abajo, sin alejarse de la línea media, hasta encontrar, unos 3 centímetros más abajo, un pequeño escaloncito: en el espacio entre el margen inferior del cartílago tiroides y el escaloncito que corresponde al cartílago cricoides se encuentra la membrana cricoidea.

Es a esta altura donde deberá practicarse una incisión vertical de aproximadamente un centímetro, abriendo luego la herida; una vez puesta en evidencia la membrana cricoidea, se procede a su incisión transversal y se introduce la hoja del instrumento, rotándola a continuación 90 0 y dejándola introducida (si no se cuenta con un objeto más adecuado que garantice el mantenimiento de la abertura) hasta la llegada de una ayuda más cualificada.

Es bastante frecuente que la víctima, en estado de inconsciencia, no sea capaz de expulsar el moco o el vómito que eventualmente haya podido acumularse en las vías respiratorias. En tal caso, procédase a colocar a la víctima sobre un costado, con la cabeza más baja que el resto del cuerpo; a continuación debe proyectarse la mandíbula hacia delante de forma que la lengua no obstruya las vías aéreas.

Cómo explorar el ojo.

Se cogen las pestañas y se estira el párpado hacia arriba, apoyándolo en un bastoncito; si el cuerpo extraño es visible, puede intentar sacarlo con una gasa estéril.

Cómo extraer un anzuelo.

En primer lugar, trate de que aflore la extremidad y a continuación corte la punta para facilitar la extracción sin peligro de lacerar la piel.

Maniobra de Heimlich

La maniobra de Heimlich provoca la expulsión de cuerpos extraños alojados en la tráquea. El auxiliador, con las manos cerradas, ejerce presión sobre la parte superior del abdomen de la víctima y con un rápido movimiento de los puños hacia arriba da lugar a un brusco aumento de la presión intrapulmonar y, en consecuencia, a la expulsión del cuerpo extraño. Si la víctima ha perdido el conocimiento, dicha operación puede realizarse con el paciente tumbado boca arriba.

Otras maniobras para la expulsión de cuerpos extraños de las vías respiratorias.

Si la víctima es un niño, se le coge por los pies, comprobando que tenga la boca abierta, y se le dan unos golpes secos con la palma de la mano entre las escápulas.

Si la víctima es un adulto, se le coloca comoagachado, sosteniéndole el abdomen, y se le dan unos golpes secos entre las escápulas. La misma operación puede realizarse tumbando a la víctima boca abajo sobre una superficie inclinada.

 

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