EPISTAXIS, hemorragia nasal

EPISTAXIS, hemorragia nasal

Manifestación muy frecuente en la patología de la nariz y a menudo signo de alarma de numerosas enfermedades orgánicas.

EL TÉRMINO “epistaxis” significa hemorragia nasal. La epistaxis puede tener su causa en una lesión local (pequeños traumatismos, heridas, cuerpos extraños), o bien puede ser el síntoma de una enfermedad general (enfermedades infecciosas como el sarampión, la escarlatina, el tifus y la difteria, hiper-tensión arterial, nefritis, enfermedades del hígado y cardio-circulatorias, que actúan provocando aumento de la presión arterial, disminución de la coagulabilidad de la sangre, etc.).

EPISTAXIS ESENCIAL

Es una forma especial, que afecta en general a niños y adolescentes. Para que se produzca es suficiente un estornudo, un pequeño rascamiento, pero a menudo no existe una causa aparente y la hemorragia tiene lugar de noche, mientras el niño está durmiendo.

Otra característica es que la sangre brota unas veces por un orificio nasal y otras por otro, la hemorragia es poco abundante y se detiene rápidamente.
Estas hemorragias periódicas a menudo alarman a los padres, mientras que el niño pronto se acostumbra al pequeño percance. En estos casos, aparte del tratamiento local para detener la hemorragia, es eficaz la administración de medicamentos que aumentan la resistencia de las paredes de los vasos sanguíneos, a base por ejemplo de vitaminas. Generalmente las epistaxis cesan cierto tiempo depués de estos tratamientos.

CÓMO DETENER LA EPISTAXIS

Existen epistaxis leves y otras más abundantes, incluso graves, que provocan palidez y ansiedad, aumentando la frecuencia del pulso, mientras que la presión arterial tiende a disminuir.
A veces la epistaxis puede tener un significado positivo, como por ejemplo en el caso de un hipertenso, en el que la hemorragia nasal cumple la misma función que una sangría: es evidente que la rotura de una arteria nasal es preferible a la de una arteria cerebral.

Pero naturalmente, incluso en estos casos y aun dejando que la hemorragia actúe durante cierto tiempo para que se produzca una buena sangría, hay que proceder luego a detenerla.
Las hemorragias leves no requieren en general la intervención del médico. El paciente debe sentarse tranquilamente, permanecer con la cabeza inclinada hacia atrás y ejercer entonces con los dedos una fuerte presión sobre la nariz durante unos minutos.

Esta maniobra puede facilitar la formación de un coágulo de sangre, que bloqueará la hemorragia. Además, es conveniente respirar inspirando por la nariz (el aire forma una corriente ascendente que obstaculiza la bajada de la sangre) y espirando por la boca (el aire espirado por la nariz favorecería la pérdida de sangre porque iría en la misma dirección que la bajada de sangre).
Se aplicarán agua fría en la raíz de la nariz y compresas frías o hielo en la nuca, en la nariz y en el labio superior. Si la epistaxis es grave, se realizara un taponamiento de las cavidades nasales con gasa al yodoformo o algodón al percloruro de hierro, y se administrarán fármacos hemostáticos.
El enfermo deberá permanecer en la cama, sentado, con una bolsa de hielo en la cabeza.
Cuando se ha detenido una epistaxis anterior, es conveniente acudir al especialista en otorrinolaringología para que cauterice el vaso sanguíneo responsable de la hemorragia mediante un grano de nitrato de plata o una gota de ácido crómico. Esta cauterización puede llevarse a cabo de forma indolora empapando una torunda de algodón en una solución de pantocaína y dejando que ésta actúe durante 10 minutos antes de la cauterización.

Si no se consigue controlar la epistaxis anterior mediante cauterización, se aconseja introducir una tira de gasa vaselinizada de 2,5 cm de ancho. Para prevenir el deslizamiento a la garganta del tapón de gasa, se fija el extremo del mismo a la nariz con un hilo o una cinta adhesiva.
El paciente deberá llevar el tapón durante un tiempo variable entre 1 y 3 días.
La epistaxis posterior, a diferencia de la anterior, puede ser grave, alarmante y difícil de controlar. En general se debe a la rotura de una arteria y no de una vena, como sucede en la epistaxis anterior. El paciente nota la presencia de una gran cantidad de sangre que corre por la garganta y sale por la nariz.
Si el paciente no manifiesta signos de shock, se le hace sentar y se le taponan las cavidades nasales con tiras de algodón enrolladas e impregnadas en cocaína al 4 % o en un anestésico local que contenga un vaso-constrictor como la adrenalina.
A menudo este taponamiento frena o detiene la hemorragia y de esta forma es posible localizar el vaso responsable de la hemorragia y cauterizarlo.
De las numerosas técnicas que se emplean para tratar la epistaxis posterior, la más corriente sigue siendo el taponamiento antero-posterior.
Una vez anestesiadas la cavidad nasal y la faringe con un anestésico local, se introduce en cada cavidad nasal un catéter de goma blanda y se empuja hacia la faringe, donde se pinza y se saca por la boca. Se anuda el hilo del tapón posterior al extremo del catéter; a continuación, se tira del catéter por la nariz, sujetando el hilo con una mano.
Se guía el tapón posterior recubierto de vaselina hasta la rinofaringe con ayuda de una pinza o del dedo índice. Se rellena la cavidad nasal anterior con una gasa vaselini¬zada de 2,5 cm de ancho o con gasa impregnada de pomada a la bacitracina.

Mientras se realiza el taponamiento anterior, una persona debería mantener tenso el hilo del tapón posterior. Los dos hilos que salen por la nariz se atan a un rollo de gasa, mientras que los cabos que salen por la nasofaringe a la garganta se cortan justo a ras del paladar blando y se usan para la posterior extracción del tapón.

CÓMO CONFECCIONAR EL TAPÓN

Para confeccionar un tapón posterior se impregna de vaselina una gasa de 10 X10, doblada por la mitad y enrollada.
Se atan luego al centro del rollito dos hilos bastante largos de seda fuerte, de forma que salgan cuatro extremos: dos saldrán al exterior por la cavidad nasal anterior, mientras que los otros dos quedarán colgando en la faringe o en la boca, siendo fijados con un esparadrapo a la mejilla; estos últimos sirven para extraer el tapón.
Un tapón posterior más adecuado puede obtenerse también abriendo una gasa de 10 X10 y cerrándola en forma de saquito. En el centro se colocará una bola de gasa vaselinizada-yodofórmica con un diámetro entre 2 y 4 cm, según el tamaño de la faringe del paciente. Se dobla entonces la gasa alrededor de esta bola y se ata con seda fuerte, como para obtener una bolsa.

Con una aguja gruesa se coloca también un hilo fuerte de seda de forma que sus extremos salgan del fondo del saquito. Las ventajas son la obtención de un tapón más pequeño, más eficaz y menos molesto por su forma, menos traumático y más activo a la hora de detener la hemorragia, además de prevenir o reducir el mal olor. Los tapones posteriores deberían dejarse durante 4-5 días.
Otro método de taponamiento consiste en colocar en la faringe a través de la nariz un catéter con un baloncito lleno de agua en su extremo; la parte anterior de la cavidad nasal se tapona con una gasa, utilizando como pared posterior el baloncito.
En el caso de graves hemorragias nasales posteriores, existe el peligro de que grandes cantidades de sangre puedan acabar en los bronquios; por consiguiente, en caso de pre-sentación de dificultad respiratoria, los pa-cientes con epistaxis posterior deben ser internados en un hospital con urgencia.

 

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