SITUACIONES ESPECIALES en los viajes

Viajes prolongados.

Las recomendaciones que suelen darse para los viajes de corta duración son en general válidas también para los de larga duración, aunque no siempre su­ficientes; cada caso ha de ser considerado por separado.
En algunas circunstancias puede ser necesaria la aplicación de vacunas especiales.
La profilaxis contra el paludismo debe te­ner en cuenta la duración del viaje. La trans­misión de la enfermedad puede seguir un ci­clo estacional, de forma que en las regiones de transmisión discontinua el viajero puede incluso prescindir de las medidas profilácti­cas en cierta época del año.

Gestación.

La gestación no representa una contraindicación a los viajes. No obstante, se trata de una situación de riesgo por varios aspectos.
Los viajes en avión están contrain­dicados en el curso del último mes de emba­razo y hasta el 7° día después del parto.
La aplicación de vacunas muertas o inac­tivadas, de anatoxinas y de polisacáridos está autorizada durante el embarazo.

Las vacu­nas vivas están en general contraindicadas. Los riesgos y las ventajas deben en cualquier caso analizarse individualmente en cada caso. La vacunación conta la fiebre amarilla pue­de realizarse a partir del 6.0 mes de gestación si la situación epidémica así lo exige. La va­cunación oral contra la poliomielitis no está contraindicada.
Entre los productos antipalúdicos se en­cuentran la cloroquina, el proguanil y la qui­nina, que pueden administrarse a mujeres embarazadas. Por el contrario, la sulfadoxina/pirimetamina, la mefloquina y la doxiciclina están contraindicadas durante la gestación.

 Niños.

Los niños se adaptan en general me­jor que los adultos a los cambios de horario y de clima. Su resistencia es sin embargo inferior. En efecto, un niño puede caer en un estado de deshidratación aguda en pocas horas.
Los viajes aéreos crean malestar en los re­cién nacidos, debido al aumento de presión atmosférica durante el aterrizaje. Un biberón resuelve el problema. Los viajes en avión no son aconsejables para los recién nacidos de menos de 7 días y para los prematuros. En los niños con piel sensible la miliaria rubra puede combatirse mediante la aplicación de polvos de talco, la realización de un baño dia­rio y el uso de ropa amplia de algodón.
La mayor parte de las vacunas (difteria, té­tanos, poliomielitis, etc.) pueden administrar­se sin problemas a los niños desde la prime­ra semana de vida. En general no se vacuna a los niños contra la fiebre amarilla antes del año de edad (límite inferior absoluto de 6 me­ses).
Por debajo de dicha edad las medidas de protección contra las moscas revisten por ello la máxima importancia. Todos los niños que no han sido vacunados contra el saram­pión en su momento deben ser objeto de aten­ción especial.
El sarampión es todavía fre­cuente en muchos países y los viajes a regiones con una alta densidad de población favorecen la transmisión; es necesario tener en cuenta la vacunación contra el sarampión incluso antes de los 9 meses de edad, previen­do una revacunación en el momento opor­tuno o a la vuelta del viaje.

La profilaxis contra el paludismo es impor­tante en los niños. La cloroquina, el progua­nil y la quinina pueden administrarse con toda seguridad a los recién nacidos.

Enfermedades crónicas y otros problemas de salud.

Ni las enfermedades crónicas ni la edad avanzada representan una contraindi­cación absoluta a los viajes. Los individuos que padezcan enfermedades crónicas de­ben pedir consejo a su médico. Los fárma­cos y demás medicamentos deben guardarse a mano, con objeto de evitar el riesgo de una interrupción accidental del tratamiento.
En los países cálidos las enfermedades de los sistemas cardiovascular y digestivo pue­den empeorar; por el contrario, los climas cá­lidos pueden suavizar los dolores reumáticos y las infecciones crónicas de las vías respira­torias superiores.
Están contraindicados los viajes en avión en caso de insuficiencia cardíaca descompen­sada, en el infarto de miocardio o ictus re­ciente, en la angina de pecho, en las arritmias graves, en la hipertensión arterial no corre­gida y superior a los 200 mmHg de sistólica, en la anemia grave, en la drepanocitosis, en los trastornos mentales agudos, en la epilep­sia, en el neumotorax, en las enfermedades contagiosas agudas graves y en la incontinen­cia urinaria.

Los portadores de marcapasos deben tener mucho cuidado con la posible existencia de corrientes de inducción a bor­do, procedentes de radares o de aparatos elec­trónicos, y deben tomar las correspondien­tes precauciones.
En los viajes de larga duración, los pasajeros que padezcan reuma­tismo, artritis, varices y edemas de las extre­midades inferiores pueden notar algunas mo­lestias.
Es especialmente importante que los viajeros que sufren una enfermedad crónica se informen previamente de los servicios mé­dicos disponibles en los países de destino.

Minusválidos.

Una minusvalía física no re­presenta una contraindicación a los viajes. Las compañías aéreas contemplan en sus re­glamentaciones las condiciones de viaje de las personas minusválidas y de los individuos que requieren una asistencia especial.

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