Riesgos ambientales en paises exoticos

RIESGO LIGADO AL AMBIENTE

• Viajes.

En la era del avión a reacción los viajeros internacionales se ven sometidos a ciertas formas de estrés, a aglomeraciones, esperas prolongadas, alteración de los hábitos alimentarios y cambios de clima y horario que pueden incidir negativamente sobre su resistencia a las enfermedades.

Tales condiciones pueden por sí solas provocar náuseas, indigestión, cansancio e insomnio.
El hecho de atravesar varios husos horarios perturba el ritmo vigilia-sueño, produciendo lo que se conoce como “jet-lag” (desfase horario).
El tiempo necesario para una adaptación completa, que depende del núme­ro de husos horarios por los que se haya pa­sado, puede ser de una semana o más.
Se aconseja prever un periodo de reposo en los primeros días tras la llegada al país de destino. Un somnífero de rápida eliminación puede asimismo resultar útil en las primeras noches después del viaje.
Las personas que deban tomar medicinas según un horario estricto, por ejemplo insulina o píldoras anticonceptivas, deberían pedir consejo a un médico al respecto.
Conviene asimismo destacar que, gracias a la presurización, la concentración de oxígeno y la presión atmosférica en la cabina de un avión que vuela a 12.000 metros de altitud son idénticas a las existentes a 2.000 metros de altura.
El mal o mareo de viaje es un episodio excepcional cuando se trata de viajes en avión. Por el contrario, cuando no se esté acostumbrado al mar y se haya previsto un viaje en barco, sobre todo en barcos pequeños, se aconseja llevar un medicamento contra el mal de mar.
Los fármacos contra el mareo y los que deben tomarse regularmente deberán guardarse en el equipaje de mano.

Baños en agua dulce.

En aguas contaminadas pueden contraerse infecciones de los ojos, de los oídos y del intestino. Al sur de los trópicos los cursos de agua, los canales, los lagos, etc. pueden estar infestados de larvas que penetran en la piel y provocan la esquistosomiasis.

Es necesario evitar bañarse y lavarse en aguas susceptibles de albergar el molusco huésped de este parásito o contaminadas por excrementos humanos y animales. Sólo las piscinas con agua clorada pueden considerarse seguras para el bañista.

Baños en agua de mar.

Los baños de mar no suponen en principio riesgo alguno de enfermedades transmisibles, aunque se recomienda a los viajeros que averigüen directamente en el lugar si está autorizado el baño y si éste no representa ningún peligro para la salud. El contacto directo con las medusas puede provocar irritación de la piel, y en ocasiones enfermedades.

En algunas regiones los bañistas deberían llevar calzado apropiado para protegerse de las mordeduras y las picaduras de ciertos peces, de las anémonas de mar, de peces y moluscos venenosos, así como para evitar las dermatitis debidas a los corales.

Pies desnudos.

En las regiones en las que existe riesgo, conviene llevar zapatos para protegerse de la anquilostomiasis, de la estrongiloidosis, de ciertos micetomas y de las fungosidades.

Altitud.

Los viajes y las estancias en localidades situadas a gran altitud pueden al principio provocar insomnio y resultar muy duros, a veces incluso peligrosos, para las personas que sufren afecciones cardíacas y pulmonares.
A grandes altitudes existe riesgo de edema pulmonar agudo y de edema cerebral, que puede traducirse en una sensación de malestar extremo acompañado de dificultad respiratoria, vértigos, dolor de cabeza y vómito.
La adaptación gradual por fases y la administración de fármacos antidiuréticos resultan de gran ayuda. La vuelta a la llanura favorece la curación.

Calor y humedad.

Calor y humedad considerables, así como esfuerzos exagerados realizados en tales condiciones, pueden conducir al cansancio, con pérdida de agua y de sales, o a un grave golpe de calor que requiere una intervención médica de urgencia.
En caso de fatiga, se recomienda el consumo de bebidas ricas en sales minerales, zumos de fruta, caldo, té, etc. Salvo contraindicaciones, añadir una pequeña cantidad de sal de mesa a los alimentos y a las bebidas ayuda a prevenir el golpe de calor, sobre todo durante el periodo de aclimatación.
Los niños y las personas obesas sufren con facilidad irritación cutánea.
Las dermatofitosis, como el pie de atleta, se ven a menudo exacerbadas por el calor y la humedad. Una ducha diaria, ropa amplia de algodón y la aplicación de polvos de talco en las regiones cutáneas más sensibles ayudan a minimizar estos efectos.
Las oscilaciones de temperatura entre el día y la noche son a veces importantes a cual­quier altura.
Hace frío tanto en los lugares climatizados como en los aviones.
El contraste calor-frío es la causa de numerosos resfriados, que pue­den prevenirse fácilmente mediante la utili­zación de ropa adecuada.
Sol.

La exposición a los rayos ultravioletas del sol puede provocar insolaciones graves y muy debilitadoras en las personas de piel clara. Los viajeros pueden protegerse ex­poniéndose progresivamente al sol y usando sombrero, gafas de sol y una crema solar.

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