TRANSPORTE AÉREO DE ENFERMO

EN LOS CASOS en los que una persona enferma deba ser transportada en avión, será necesario valorar atentamente las posibles contraindicaciones y los problemas que pueda presentar cada estado patológico.

Los avances en el campo de la tecnología aeronáutica y la consiguiente mayor difusión del medio aéreo y de su empleo en medicina han permitido y permiten realizar viajes aéreos incluso de larga duración a un número cada día mayor de sujetos afectados por las más diversas patologías y pertenecientes incluso a franjas extremas de edad (niños recién nacidos, ancianos de edades muy avanzadas).

La posibilidad de desplazarse rápidamente a una localidad alejada en las mejores condiciones de comodidad y de seguridad reduce sensiblemente las molestias ocasionadas a los pacientes en los viajes por tierra o por mar, evitando de esta forma la presentación de trastornos o complicaciones clínicas que pueden registrarse durante los traslados.

Evidentemente el transporte aéreo puede estar contraindicado en pacientes afectados por determinadas patologías, sobre todo si tiene lugar en aviones de línea regular.

LOS POSIBLES EFECTOS NEGATIVOS

Los efectos negativos del vuelo sobre las condiciones clínicas de los trasladados suelen ser atribuibles a los siguientes factores:

  • disminución de la presión parcial de oxígeno atmosférico y alveolar que puede agravar el estado de pacientes afectados, por ejemplo, por una anemia, una cardiopatía, una enfermedad respiratoria o una intoxicación;
  • variaciones en el normal movimiento del avión por condiciones atmosféricas desfavorables, con las consiguientes estimulaciones anormales del aparato vestibular y de otros órganos viscerales (mal aéreo);
  • vibraciones y ruidos del avión producidos por los motores y las estructuras aerodinámicas;
  • prolongada inmovilidad e inactividad durante el viaje, sobre todo si es de larga duración, pu- diendo provocar reacciones incontroladas en pacientes psicológicamente inestables, especialmente si se trata de su primera experiencia aérea;
  • deshidratación orgánica debida al aire seco y a la mayor ventilación pulmonar a elevada altura.

Analicemos los problemas que pueden presentarse en el transporte aéreo de sujetos afectados por determinados estados patológicos.

ENFERMEDADES DE LAS VÍAS RESPIRATORIAS

Bronquitis: excepto la “bronquitis aguda catarral” del niño y del anciano, todos los demás tipos de bronquitis no presentan contraindicación alguna en relación al transporte en cabina presurizada. En cualquier caso, es preferible no efectuar el traslado durante la fase aguda de la enfermedad. Cuando se considere que el paciente puede sufrir fuertes accesos de tos durante el vuelo, es conveniente intensificar la terapia calmante unos días antes del.traslado.

Asma bronquial: ha de señalarse en primer lugar que los vuelos que cubren recorridos cortos (de media hora a una hora y media) pueden inducir cierta mejoría en pacientes asmáticos y resultar por tanto útiles desde el punto de vista terapéutico. El asma bronquial de entidad no grave y bien controlada farmacológicamente no constituye, en cualquier caso, contraindicación alguna al transporte aéreo, que por el contrario resulta claramente contraproducente en los casos de crisis asmática aguda o de “estado asmático” grave.

Tuberculosis pulmonar: en la forma en estado activo está contraindicado el transporte aéreo ,en líneas regulares. La contraindicación se debe, más que nada, a que se trata de una forma contagiosa.
En aquellos casos en los que el traslado sea imprescindible, la compañía aérea puede aceptar al pasajero, siempre y cuando se respeten determinadas condiciones.
Es necesario prever la presentación en vuelo de hemorragias o neumotorax. Debe haber una persona experta encargada de la asistencia al enfermo y la compañía debe contar con la posibilidad de “aislar” cómodamente al paciente.

Bronquitis crónica, enfisema pulmonar: ante un caso de enfisema pulmonar, y en general de bronquitis crónica, la posibilidad de traslado por vía aérea estará condicionada por el estado de funcionalidad respiratoria y cardíaca del paciente; en cualquier caso, sólo se podrá transportar a estos sujetos en aviones presurizados.

Cabe recordar, por otro lado, que el enfisema vesiculoso presenta, incluso a alturas no demasiado elevadas, riesgos de rotura con perforación de pleura y consiguiente formación de neumotorax.

Estados posteriores a intervenciones quirúrgicas pulmonares o a traumatismos penetrantes en tórax: es conveniente que los estados postoperatorios de intervenciones quirúrgicas torácicas o pulmonares se encuentren suficientemente estabilizados antes de emprender un viaje aéreo.

Se aconseja de forma especial esperar a que el hemotórax (presencia de sangre en la cavidad pleural tras la operación) se haya resorbido completamente y permita la expansión del pulmón, a que la funcionalidad respiratoria esté garantizada y a que las condiciones generales sean también satisfactorias. Es por ello conveniente que el traslado se realice 10-15 días después de la retirada de los tubos de drenaje colocados en el tórax durante la intervención quirúrgica y después de que se haya excluido, mediante examen radiológico, la posibilidad de un colapso pulmonar o de un derrame pleural.

NARIZ, OIDO Y GARGANTA PUEDEN PLANTEAR PROBLEMAS

Algunas enfermedades otorrinolaringológicas pueden sufrir empeoramientos y reagudizaciones en función, sobre todo, de las variaciones de la presión atmosférica, y deben por tanto valorarse atentamente. A veces, durante el despegue o el aterrizaje del avión, pueden presentarse dolores en los oídos debido a la dificultad de instauración del equilibrio entre la presión atmosférica de la cabina del avión y la del oído.

Este fenómeno determina una deformación de la membrana del tímpano, que es empujada hacia el lado en el que la presión atmosférica es más baja, provocando alteraciones en la percepción de los sonidos y dolor de oídos.

Presión atmosférica en la caja timpánica. Por el contrario, cuando las trompas están inflamadas a causa, por ejemplo, de un resfriado, una faringitis, una sinusitis, una otitis, etcétera, es necesario realizar continuamente movimientos de deglución, bostezo y desplazamiento lateral de la mandíbula.

En caso de enfermedades inflamatorias de las vías respiratorias altas puede resultar conveniente la instilación de 4-5 gotas por orificio nasal de un fármaco vasoconstrictor unos 20 minutos antes del despegue y (en vuelos muy largos) antes del aterrizaje. En cualquier caso, sería conveniente repetir continuadamente las degluciones, los bostezos y los desplazamientos laterales de la mandíbula durante el despegue y el aterrizaje del avión.

En resumen, ha de tenerse en cuenta que la sinusitis, la otitis media, la poliposis nasal, la desviación del tabique nasal y la hipertrofia de los cornetes son alteraciones que pueden predisponer y favorecer la aparición de dolor de oídos en caso de viaje aéreo, hasta llegar a imposibilitarlo totalmente.

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