Problemas y enfermedades latentes en vuelos largos

DURANTE un viaje largo en avión pueden presentarse numerosos trastornos o acentuarse otros ligados a enfermedades preexistentes. Dadas las escasas posibilidades de asistencia médica en vuelo, es necesario que cada uno considere sus condiciones físicas para evitar eventuales emergencias o malestares.

PROBLEMAS EN VUELO

* Permanecer sentados durante mucho tiempo complica la hipoxia.
El problema de la hipoxia puede complicarse debido a los efectos del mantenimiento prolongado de la posición sentada. Los ápices pulmonares presentan buena ventilación, pero escasa perfusión. Los campos medios cuentan con una buena ventilación y una buena perfusión. Las bases pulmonares, por último, se encuentran escasamente ventiladas, pero cuentan con una buena perfusión.
Un alveolo bien ventilado, pero cuya perfusión es escasa, acaba simplemente aumentando el espacio muerto. Uno no ventilado, pero con una buena perfusión, determina la entrada de sangre desoxigenada en la circulación arterial sistémica.
El efecto de estos contrastes en la relación ventilación-perfusión pulmonar y el curso de la curva de disociación de la oxihemoglobina darán una tensión de oxígeno en la sangre arterial inferior a la que cabría esperar, dadas las presiones alveolares de gases. Tal situación puede mejorarse efectuando ejercicios que no requieran demasiado esfuerzo.
Un estado de ansiedad que produzca hiperventilación puede a veces provocar una alteración de la oxigenación, generalmente con la consiguiente vasoconstricción cerebral. Las células cerebrales no almacenan oxígeno y las que se encuentran lejos de los capilares arteriales son las primeras en resultar afectadas por la vasoconstricción, con posible aparición de confusión y notable desorientación, sobre todo en los ancianos fumadores.
La hipoxia puede considerarse:
hipóxica: insuficientes intercambios entre oxígeno y gases; anémica: reducción del transporte flemático de oxígeno, anemia, metahemoglobina y dióxido de carbono; por estancación: escasa circulación o escasa perfusión en el organismo; histotóxica: tabaco, humos, etcétera.

Sistema nervioso central.

Ya hemos hablado de los problemas de estrés en las personas ancianas o emocionalmente inestables y la susceptibilidad de quienes padecen arteriesclerosis cerebral a los efectos negativos de una modesta hipoxia de unas horas. Ante un accidente cerebrovascular reciente es conveniente esperar tres semanas antes de volar y no viajar solos.
La epilepsia no impone restricciones, aunque se sabe que también en tierra el cansancio, la tensión y la hiperventilación pueden determinar crisis convulsivas.

Añadamos hipoxia y alcohol y la probabilidad se verá sin duda incrementada.
En los epilépticos debe contemplarse un incremento temporal del tratamiento anticon vulsivo hasta que se haya superado el problema del cambio de huso horario. Durante ese mismo periodo se aconseja mantener los “horarios de casa” para los fármacos.

Problemas psiquiátricos.

Hay que poner en conocimiento de la compañía aérea la condición de psicóticos de los pasajeros que lo sean. Según la gravedad de la enfermedad, la compañía podrá requerir que el pasajero viaje acompañado por un familiar o una enfermera especializada en el campo de las enfermedades mentales.
En caso de ser necesaria una sedación constante, ésta puede ser fuente de problemas debido a los efectos colaterales, como el aumento de los gases intestinales por efecto anticolinérgico.

Contraindicaciones de los vuelos en avión

Deben considerarse absolutamente no idóneas para viajar en avión las personas afectadas por:
• anemia grave;
• sinusitis u otitis media graves;
• enfermedades infecciosas o contagiosas;
• infarto de miocardio reciente;
• descompensación cardíaca (no controlada);
• accidente cerebrovascular reciente;
• hemorragia gastrointestinal reciente;
* postoperatorio inmediato de intervenciones de cirugía torácica, ciertas heridas abdominales y de competencia otorrinolaringológica;
• aire en cavidades corporales;
* mandíbulas bloqueadas con cerclaje metálico;
• patologías dermatológicas contagiosas o repugnantes;
• enfermedades mentales (a no ser que el paciente esté sedado y acompañado);
• gestaciones avanzadas: vuelos cortos (menos de cuatro horas) a partir de la semana treinta y seis; vuelos largos (más de cuatro horas) a partir de la semana treinta y cinco.

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