Jet Lags

RITMOS CIRCADIANOS

ENTRE LOS PRINCIPALES trastornos ligados a los viajes largos cabe destacar los relacionados con los cambios de huso horario, que suponen una alteración en el equilibrio de las funciones orgánicas. Para favorecer la sincronización con la hora local se puede recurrir a fármacos suaves y a mantener los ritmos del país de origen.

Se trata de una serie de “señales ambientales” que modifican la periodicidad de nuestros ritmos biológicos.
Experimentos llevados a cabo en todas las especies demuestran la existencia para todas las criaturas de ritmos individuales incorporados.

Algunos coinciden con acontecimientos geofísicos externos.

Concretamente en el hombre existen algunas “señales sociales” y también es importante el conocimiento de la hora. Otras veces estos ritmos continúan incluso en ausencia de signos externos, aunque con una periodicidad que en poco se diferencia de la del día ambiental, de donde deriva el término circadiano.
En el hombre los principales ritmos son: sueño y vigilia; temperatura corporal; producción de cortisol y hormonas análogas; excreción de electrólitos.
De estos ritmos, el de vigilia-sueño, el de la temperatura, el de producción de cortisol y otros análogos tienen un periodo natural de unas veinticinco horas. El ritmo vigilia sueño puede prolongarse por separado hasta treinta y tres-cincuenta horas.
Y lo que es más sorprendente, no es fácil alterar estos relojes naturales. Como si se tratara de giroscopios, siguen funcionando a pesar de eventuales desplazamientos. Así, una travesía por el Atlántico de cinco horas puede desincronizar de forma llamativa el sistema circadiano endógeno en los distintos ritmos que lo componen. Por consiguiente, serán necesarios tiempos distintos para que estos ritmos lleguen a sincronizarse con la hora local.
La experiencia nos enseña que “es mejor el oeste”; en otras palabras, el tiempo necesario para la compensación del cambio de huso horario es más corto en un desplazamiento hacia el oeste que en un desplazamiento de la misma duración hacia el este.
Viajes de la misma duración hacia el norte o hacia el sur, obviamente sin cambio de hora, determinan trastornos constitucionales de mucha menor entidad.
Quince grados de latitud corresponden a un huso horario.
Tras un desplazamiento equivalente a ocho husos se acusa una menor rapidez para tomar decisiones, durante dos días si el desplazamiento ha sido hacia el oeste y durante tres días si ha sido hacia el este.
Se cree que el hecho de que exista un ciclo circadiano sueño-vigilia de veinticinco o más horas puede justificar la mayor facilidad de adaptación en los desplazamientos hacia el oeste.
La posibilidad de separar el ritmo sueño-vigilia de los demás ritmos circadia- nos supone generalmente una adaptación más rápida de aquél a la hora local.
Esta adaptación puede verse favorecida por un uso prudente de hipnóticos de acción de corta duración, hasta que el organismo lle ga a sincronizarse gradualmente con la hora y las costumbres locales.
Si el ritmo de secreción de las hormonas no se ha adaptado a la hora local, en determinadas circunstancias pueden registrarse consecuencias fisiológicas importantes.
Existe, por ejemplo, una notable diferencia en la respuesta glucémica a una misma comida consumida a distintas horas del día. Del mismo modo, los efectos farmacológicos y farmacodinámicos de los medicamentos pueden variar según el momento del día en el que se administren.
Es conveniente que los viajeros que siguen terapias regulares mantengan los horarios del país de origen en lo referente al tratamiento farmacológico, al menos hasta que consigan una estabilización firme en relación al nuevo huso horario. Dicho aspecto reviste especial importancia para aquellas personas que’ padecen epilepsia o diabetes y para las mujeres que toman la píldora.

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