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LA RADIOTERAPIA

Utilización con fines terapéuticos de radiaciones electromagnéticas

La radioterapia —esto es, la utilización con fines terapéuticos de radiaciones electromagnéticas (fotones) o cospusculares (partículas subatómicas), surgida poco tiempo después del descubrimiento de los rayos Roentgen (1895), de la radiactividad natural (1896) y del radium (1898)— ha hallado en la oncología clínica su campo más amplio de aplicación.

Junto con la cirugía, constituye hoy día, incluso ante los prometedores avances en terapia médica (hormonas, antitumorales), el recurso más válido en la lucha contra los tumores.
Desde principios de siglo hasta hoy los medios de los que dispone el radioterapeuta —gracias a los grandes descubrimientos de la física— han aumentado notablemente en número y en potencia:
a los rayos Roentgen, de energía relativamente modesta, y al radium se han sumado las radiaciones de los núcleos radiactivos (isótopos) artificiales y nuevos aparatos (betatrón, telecobaltoterapia, etc.), cada uno de los cuales posee características propias, que hacen que resulte más o menos apropiado para su empleo terapéutico.

Si desde el punto de vista técnico estos distintos tipos de radiaciones ofrecen diferentes posibilidades de aplicación, desde el punto de vista físico poseen una propiedad en común, es decir la de determinar, mediante un mecanismo variable, directa o indirectamente, graves alteraciones celulares, esto es una inhibición del poder de multiplicación y, en consecuencia, la muerte celular.

maquina de radioterapia

EFICACIA ANTITUMORAL

El objetivo final de la aplicación de las radiaciones ionizantes en el tratamiento de los tumores es la extinción total de la población celular neoplásica, que se obtiene fundamentalmente mediante la inhibición de su capacidad productiva. Dado que dicho efecto se despliega inevitablemente también sobre las poblaciones celulares normales, resulta evidente que una de las misiones del radiobiólogo y del radioterapeuta consiste en averiguar en qué condiciones clínicas es posible conseguir la destrucción completa del tumor, ocasionando daños reversibles a las células y a los tejidos sanos.

En la valoración de la posible eficacia de la exposición de una neoplasia a las radiaciones, las circunstancias que hay que tener en cuenta son dos: la sensibilidad propia de la neoplasia y la ausencia de radiosensibilídad de los tejidos en los que se localiza la neoplasia y de los demás tejidos incluidos en el campo de radiación.
La sensibilidad propia de la neoplasia puede medirse con la suficiente aproximación partiendo de la dosis necesaria y suficiente para la destrucción del tumor; la radiosensibilidad es un dato proporcionado fundamentalmente por la experiencia clínica. En general, los tumores radiosensibles requieren dosis que, por su magnitud, no se hallan muy lejos de las máximas que los tejidos sanos pueden tolerar. Este concepto puede expresarse diciendo que el «intervalo terapéutico» es muy reducido.

Entre la radiosensibilidad de un tumor y las posibilidades de curación no existe sin embargo una relación definida. La rápida regresión de ciertas neoplasias (los sarcomas en general, los semiomiomas) no supone que no pueda producirse una recidiva, mientras que existen tumores epiteliales de radiosensibilidad no muy alta que en un buen número de casos (por ejemplo los carcinomas de las mucosas orales) se curan definitivamente gracias a una radioterapia adecuada: intervienen factores biológicos no controlables, ligados tanto al tumor como al tejido o al organismo afectado.

* Sobre todo no podemos olvidar que los factores de orden clínico poseen una influencia determinante, ya que está fuera de toda duda que la probabilidad de curación depende del estadio de la enfermedad. Ya en las primeras aplicaciones de la radioterapia, ante las escasas posibilidades de obtener resultados terapéuticos satisfactorios en algunos tumores, ya sea por su baja radiosensibilidad ya sea por un «intervalo terapéutico» reducido, se pensó en recurrir a medios o medidas que permitieran obtener una mayor especificidad de acción, al aumentar la radiosensibilidad del tejido neoplásico o, por el contrario, la tolerancia de los tejidos sanos.

Esta segunda vía permite en efecto aumentar la dosis hasta o hacia límites de eficacia curativa real. Los mayores logros en dicho campo se han obtenido mediante el estudio de los efectos de las radiaciones en función de las variaciones de la relación dosis-tiempo.
La distribución de la dosis total en un periodo de varias semanas (4-8) ha permitido en efecto obtener mejores resultados clínicos.

INDICACIONES CLÍNICAS

La radioterapia está indicada de forma preferente en los siguientes tipos de tumores:
• carcinomas de la mucosa oral y del labio;
• carcinomas del cuello del útero;
• carcinomas intrínsecos de la laringe.
En todos ellos se pueden obtener óptimos porcentajes de curación duradera, sobre todo si se trata de casos no avanzados.

La radioterapia está muy indicada sobre todo en:
• los carcinomas del seno maxilar y de los senos paranasales en general y de la faringe; los carcinomas del tiroides; los carcinomas del cuello del útero y de los genitales femeninos externos;
• los carcinomas de la vejiga;
• los carcinomas anorrectales limitados.
En este grupo de neoplasias se pueden obtener buenos resultados, pero en menor medida que en los tumores del primer grupo.

En otro grupo podrían incluirse algunos tumores para los cuales la radioterapia constituye a menudo el único medio de tratamiento. No obstante, el resultado es casi siempre temporal. Los porcentajes de curación persistente a 3, 5 y 10 años son bajos. Se trata Tejidos en orden decreciente de sensibilidad a las radiaciones:
A) gónadas (las radiaciones provocan esterilidad);
B) epitelios de las mucosas (las radiaciones actúan sobre las células que se dividen provocando lesiones;
C) médula ósea (se determina una parada de la producción de glóbulos blancos y glóbulos rojos).de los carcinomas de esófago y de pulmón y de los osteosarcomas.

Hemos dejado al margen el carcinoma de mama, que es casi siempre una neoplasia radiosensible y ofrece buenas perspectivas de curación radiológica definitiva. Sin embargo, la mayor parte de los cirujanos y radiólogos opinan que cuando se dan condiciones de buena operabilidad, técnica y clínica, ha de anteponerse la intervención quirúrgica. A esta lista de tumores primitivos que, aunque comprende la mayor parte de los tumores, posee sólo carácter indicativo, deben añadirse las neoplasias sistémicas —los linfomas malignos—, en las que la terapia radiológica es la indicación de primera elección.

RADIOTERAPIA CURATIVA O SINTOMÁTICA

La radioterapia está indicada en el tratamiento de los tumores con una doble finalidad: como tratamiento curativo, es decir con intención de obtener la curación del tumor, y como remedio sintomático, esto es con el objetivo más limitado de mejorar la calidad de vida y eventualmente prolongar la super-vivencia del enfermo.
Cuando la finalidad es curativa la comprobación diagnóstica, la definición del volumen-diana y la elección del método técnico, de los campos de irradiación, de la dosis y de su distribución espacial y en el tiempo constituyen momentos enormemente importantes, podríamos decir que críticos, por cuanto respecta tanto a la curación del tumor como a la eventual aparición de complicaciones graves.

Tal y como sucede en general en todo el campo de la oncología, un error de valoración o de planteamiento técnico al comienzo del tratamiento resulta en radioterapia decisivo en relación al resultado final. El tratamiento debe realizarse respetando criterios de «radicalidad», en lo referente tanto a las dosis como a la extensión del territorio irradiado. En la mayor parte de los casos las dosis que deben administrarse se encuentran dentro de los límites de la tolerancia de los tejidos sanos y los márgenes de seguridad son por tanto muy reducidos.

Por ello es necesario recurrir a todos los medios técnicos disponibles, buscando las soluciones más adecuadas. Las indicaciones de la radioterapia pueden’ ser absolutas, si el tratamiento radiológico es el más eficaz, o bien relativas, cuando la radioterapia constituye una válida alternativa a la intervención quirúrgica o a la quimioterapia. En la elección del medio más idóneo prevalecerán pues consideraciones de naturaleza funcional, estética y no pocas veces psicológica y logística.

Cabe considerar también como tratamiento curativo la denominada radioterapia profiláctica. Consiste en la irradiación de territorios que macroscópicamente no parecen afectados, pero en los que se considera que existen localizaciones ocultas, subclínicas. También en este caso el tratamiento debe seguirse con criterios de «radicalidad»: sólo puede reducirse la dosis sobre la base del escaso volumen de los eventuales focos neoplásicos.

Los siguientes tratamientos pueden considerarse ejemplos de radioterapia profiláctica:
• radioterapia de la mama residual tras intervenciones parciales de tipo conservador (tumorectomía);
• radioterapia de los ganglios linfáticos regionales, clínicamente indemnes, tras una intervención o radioterapia sobre el tumor primitivo (carcinomas de las vías aerodigestivas superiores, neoplasias del testículo y del ovario, etc.);
• radioterapia de los ganglios linfáticos, del bazo y del encéfalo en ausencia de localizaciones evidentes en los linfomas malignos;
• radioterapia después de intervenciones macroscópicamente radicales por tumores avanzados y alto riesgo de recidiva local.

Continuar con Radioterapia 2da. parte

Un pensamiento en “LA RADIOTERAPIA”

  1. Importantisimo y agradecimientos por facilitar tener el conocimiento de saber el proceso cientifico de la Rafioterapia, y sus aplicaciones terapeuticas que recibe el paciente y sus beneficios.
    Favor de ser posible continuidad de magno Articulo y gracias al Distinguido cuerpo Medico

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