Google
Web gentenatural.com

La Importancia de las Esencias

 

Lo más valioso que nos puede ofrecer una planta es todo su ser en forma concentrada, su «alma», su esencia o su aceite aromático.
Los aceites constituyen uno de los remedios y productos para el estudio corporal más antiguos de la humanidad, habiendo sido utilizados por todas las viejas y grandes culturas de la Tierra.
              
Durante el Imperio Romano los aceites aromáticos desempe ñaron un papel muy importante en la vida cotidiana. Sabemos, gracias a escritos de la época, al estudio de frescos y de objetos hallados en excavaciones, que los romanos perfumaban toda su ropa con esencia de espliego, curaban sus heridas con esencia de tomillo y tonificaban y refrescaban su cuerpo con esencia de romero. También los griegos tenían en gran estima a los aceites aromáticos, si bien se les otorgaba un significado más espiritual. Estaban convencidos de que sólo los dioses podían haber creado unos aromas tan excelsos y pensaban, no sin razón, que el empleo generoso de las esencias podrían ser un puente para alcanzar el Olimpo y poder recibir así las fuerzas de los dioses, protectoras, curativas y portadoras de belleza.
              
En esta suposición de los griegos encontramos rastros o indi cios de una idea más antigua sobre el ser de las esencias, a saber: que encontramos en ellas fuerzas llenas de misterio. En un principio se les otorgó un carácter sagrado, por lo que su posesión Y  utilización se reservaba únicamente a sacerdotes, iniciados y reyes. Estos los empleaban para alcanzar una elevación espiritual y conseguir una unión con las divinidades. Los antiguos reyes de Israel utilizaron también los aceites aromáticos como un camino hacia Dios. Empleaban sobre todo los aceites de mirra, incienso v nardo hindú en forma de pomadas para conseguir salud y poder espiritual. Asimismo, en los ritos y ofrendas se hacía uso de esencias que, una vez colocadas en pequeños cuencos, se calentaban para que su aroma subiera hacia el cielo. Todo ello se acompañaba de cánticos, oraciones, expresión de deseos, quejas o peticiones a dioses y espíritus.

Todavía hoy en día nos resulta asombroso el conocimiento que tenían los antiguos egipcios iniciados en el empleo de aceites esenciales que utilizaban para embalsamar y momificar a sus muertos. Así, por ejemplo, el aceite del nardo hindú jugaba un papel destacado en los ritos utilizados en el sepelio de los faraones, los reyes-dioses de los egipcios y que, así mismo, eran los sumos sacerdotes de su pueblo.  Ya en nuestro siglo, unos científicos descubrieron un hecho que podría justificar y hacernos entender aquel proceder y que, en un principio, fue considerado únicamente como una faceta más del ritual.  En marzo de 1963, biólogos de la Universidad de Oklahoma (EE.UU.) descubrieron que células de la piel de una momia egipcia de más de 2.000 años de antigüedad, tenían todavía capacidad para multiplicarse, lo que equivale a decir que todavía conservaban un notable grado de vitalidad.
Asimismo, en la tumba de Tutankamon (Tut-ench-Amun, alrededor de 1.350 a.C.) que fue descubierta y abierta a principios de nuestro siglo, se encontraron en un jarro restos de un ungüento que al contactar con el calor de la mano comenzó a desprender el inequívoco olor del clavo y del nardo índico.
Estos ejemplos nos muestran la importancia que estos aceites tuvieron en otra época y nos ofrecen la posibilidad de acceder a los conocimientos que antaño se tenían de ellos.  Los aceites aromáticos, al constituir una unión directa entre la planta y el ser humano, nos pueden ser de variada y gran utilidad, sobre todo, ayudándonos a que nuestro cuerpo, espíritu y alma formen una unidad inseparable y poder alcanzar una vida larga y sana.

Qué son las Esencias de las Plantas Medicinales