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LOS TRASTORNOS DEL SUEÑO
EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA
Estudios de electrofisiología han permitido profundizar en el conocimiento del complejo fenómeno del sueño desde el punto de vista cuantitativo, pero también cualitativo: el sueño, en efecto, no sólo cumple la función de “reparación”, sino que también desempeña un importante papel en el desarrollo afectivo del individuo.
El ritmo vigilia-sueño marca la vida del hombre desde su inicio: se abre con una fase de adormecimiento, que va seguida de una fase de sueño “propiamente dicho”, en el curso de la cual se alternan momentos de sueño menos profundo con momentos de sueño más profundo, y finalmente llega a su fin con la fase del despertar.
El sueño está organizado en ciclos, y cada ciclo comienza con una fase REM (rapid eye movement), que va seguida de varias fases NREM en una relación de uno/seis y con una duración total de aproximadamente una hora y media. El sueño REM o “sueño paradójico” se caracteriza por dar lugar a un electroencefalograma de bajo voltaje (similar al que se registra en el estado de vigilia) y por la presencia de movimientos oculares rápidos y de un tono muscular relajado, al que se asocian modificaciones de la actividad respiratoria en frecuencia y regularidad.
La fase REM se corresponde con la experiencia del sueño.
El sueño lento o NREM se halla integrado por cuatro estadios que se diferencian por la profundidad creciente del sueño, el electroencefalograma es de amplio voltaje, la respiración es lenta y regular y no existe actividad motora.
El sentido del sueño.
Una de las teorías dominantes dice que el sueño tiene una función de reposo y de síntesis.
Existen indicaciones de que el sueño es importante para asegurar y consolidar los contenidos de la memoria.
El desarrollo del sueño con la edad.
El sueño no permanece inalterable a lo largo de la vida, sino que sigue un desarrollo o evolución.
El ritmo sueño-vigilia se desarrolla poco a poco en el último trimestre del embarazo del recién nacido.
Los recién nacidos suelen dormir una tercera parte de su tiempo, y su sueño se compone en igual proporción, un 50 por 100 de sueño REM y de sueño No REM.
El desarrollo de un ritmo sueño-vigilia “normal” depende de mecanismos de orientación internos y también está relacionado con el proceso de maduración del cerebro. Este proceso no se puede relacionar con la edad del niño.
En niños de corta edad, ciertas costumbres, como las pequeñas ayudas para dormir (peluches, dejar la puerta abierta, una pequeña luz en la habitación, etc.), se consideran beneficiosas.
Causas de los trastornos del sueño en la infancia.
La primera causa más frecuente ha resultado ser una crisis familiar, y como segunda causa, los miedos infantiles.
Un trastorno del sueño actual sólo en raras ocasiones se debe a una única causa. Por regla general se han de producir numerosas circunstancias desagradables para que aparezca el trastorno del sueño.
Causas biológico-médicas:
La herencia.
La diferencia de sexo.
El desarrollo con la edad.
Los trastornos del sueño en niños son de una importancia temporal o pasajera. Independientemente del noctambulismo o de las hipersomnias, desaparecen por sí solos sin necesidad de tratamiento.
Los niños que manifiestan jactaciones nocturnas presentan antecedentes de una lesión cerebral infantil temprana (la inteligencia de estos niños suele estar por debajo de la media establecida.
Las hipersomnias están íntimamente vinculadas a fallos en las funciones del sistema nervioso central.
Los Trastornos del Sueno en bebés y los problemas alimentarios suelen ir de la mano.
Este estudio, publicado en la prestigiosa revista Pediatrics, deja patente la importante relación entre los hábitos alimentarios y los del sueño, incluso en los niños menores de tres años, de modo que las dificultades para comer son más prevalentes entre los niños con insomnio y, viceversa, los problemas para dormir son más frecuentes en niños con trastornos alimenticios, lo que sugiere que el insomnio comportamental en la infancia aumenta el riesgo de que acontezcan problemas de alimentación y que los trastornos de alimentación en la infancia incrementan el riesgo de padecer problemas de sueño.
De entre las posibles explicaciones de la co-existencia de ambas condiciones los autores del trabajo destacan las siguientes:
a) ambos trastornos comparten características paternas, por ejemplo, la misma patología de alguno de los padres o la incapacidad de éstos para reforzar o fomentar comportamientos en el niño, las cuales influyen en las interacciones padres-hijos, incluidas aquellas que se producen a la hora de irse a la cama o de comer;
b) ambos problemas se deben a cierto tipo de temperamento en los infantes, lo que les lleva a desarrollar dificultades tanto a la hora de comer como de dormir; a su vez, dicho temperamento también influye en las interacciones padres-hijos previamente mencionadas;
c) padecer uno de los dos trastornos puede precipitar o desencadenar el desarrollo del otro y/o magnificar su severidad; por ejemplo, los niños con dificultades para comer se despiertan porque tienen hambre o sed;
d) las interacciones de los dos procesos fisiológicos regulados por el cerebro, comer y dormir, lleva a la co-existencia de ambos trastornos.
Las implicaciones clínicas del estudio son diversas, si bien destaca la relativa al tratamiento de los dos trastornos, ya que quizá intervenir sobre uno de ellos tenga cierto impacto sobre el otro. En particular, los autores del estudio creen que es posible que una acción combinada para combatir ambos facilite el proceso terapéutico, mejore los resultados del mismo y reduzca la duración de las terapias empleadas.
Ver la 2ª parte de las alteraciones del sueño infantil
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