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EL PRURITO en el anciano

EL SUJETO anciano padece con mayor frecuencia prurito que el de edad más joven, debido a la mayor incidencia de enfermedades o de alteraciones cutáneas ligadas al envejecimiento que favorecen la presentaci6n de esta molestia. El tratamiento es necesario para controlar desagradables consecuencias como el insomnio y la inestabilidad.

Todos sabemos por propia experiencia qué es y qué significa la palabra "prurito”, aunque aún no se haya formulado una definición satisfactoria de dicho término. En este sentido, la única definición válida y comprensible por su sencillez es la que define el prurito como la única sensación cutánea que determina el deseo de rascarse, Según algunos autores el prurito podría interpretarse como un dolor de mínima entidad, mientras que según otros es una sensación claramente distinta al dolor. De hecho, aunque el dolor y el prurito tengan en común algunas vías nerviosas, sus sensaciones están provocadas por modalidades totalmente distintas.

FISIOPATOLOGÍA DEL PRURITO
Las terminaciones nerviosas, muy finas y numerosas, situadas en el estrato más superficial de la piel, son las responsables de la sensación de prurito. Si el número de terminaciones nerviosas es muy elevado, el prurito es intenso y prolongado, mientras que si es bajo o si no hay terminaciones nerviosas, como a nivel de la mucosa oral, resulta difícil de recordar.

CAUSAS DE PRURITO EN EL ANCIANO
Las causas del prurito generalizado o localizado son múltiples y, en general, son las mismas que en el individuo más joven. El anciano, no obstante, padece más a menudo prurito, ya sea por el frecuente predominio a edades avanzadas de enfermedades que cursan con prurito, ya sea por la presencia de anomalías cutáneas, ligadas al envejecimiento y que predisponen a la presentación del citado síntoma.

ENVEJECIMIENTO DE LA PIEL
La sequedad y la deshidratación son los dos fenómenos más relevantes en el proceso de senectud de la piel. A éstos se suman la progresiva disminución de actividad de las glándulas sebáceas y la consiguiente disminución de los lípidos cutáneos, que normalmente contribuyen a mantener el grado de suavidad y elasticidad de la piel necesario para una eficaz función de ‘barrera” defensiva frente a los agentes externos. En efecto, la producción de sebo disminuye hacia la 5 década de vida en la mujer y hacia la 7 en el hombre, alcanzando valores enormemente bajos. Las consecuencias clínicas de la disminución del componente sebáceo están aún poco claras y no parece que se deba a ellas la sequedad de la piel o xerosis cutánea.
La xerosis cutánea senil se halla ligada a una alteración en la cohesión de las células del estrato córneo de la epidermis, que se su perponen las unas a las otras en lugar de adherirse entre ellas por sus bordes libres. La consecuencia de ello es una disminución de la función de “barrera”, con la consiguiente alteración del estado de hidratación cutánea por una disminución del contenido hídrico y por un aumento de la pérdida de agua. La deshidratación de la piel conduce a su vez a una descamación excesiva, responsable del aumento de la permeabilidad a los agentes externos.

PRURITO SENIL
Los lavados frecuentes y la exposición a un ambiente caliente-seco pueden empeorar el estado de deshidratación de la piel del anciano, estado que por sí solo es capaz de provocar sensación de sequedad o una verdadera sensación de prurito. Además, la deshidratación cutánea favorece la aparición de patologías de contacto, causa directa de una sintomatología pruriginosa.
A menudo, los sujetos ancianos, sobre todo si son varones se quejan de un tipo especial de prurito que comienza de forma subrepticia e intermitente y evoluciona luego de forma continua e intensiva. Esta forma de prurito, conocida como prurito senil, es fuerte en el tronco y no se da en el cuero cabelludo ni en las áreas genitales. Es un prurito subjetivo: en efecto, no cursa con lesiones de la piel de cierta importancia, a pesar del intenso rascamiento, del que es testimonio el brillo de las láminas de las uñas. El paciente declara en general que padece un grave insomnio y manifiesta signos de afección psíquica, con cuadros de irritabilidad más o menos grave. El insomnio desempeña sin duda un papel importante al agravar la sintomatología, siendo el prurito especialmente intenso y fuerte en las horas nocturnas, probablemente porque el paciente está menos distraído por estímulos externos.
El prurito senil puede clasificarse dentro de la categoría de los pruritos ‘esenciales”. En efecto, generalmente no se detecta ninguna causa orgánica desencadenante. A tal respecto desempeñan un papel importante las alteraciones evolutivas de la piel, las deficiencias propias de la edad senil y la menor secreción de las hormonas sexuales. Al diagnóstico de prurito senil se llega en general por exclusión, tras haber tomado en consideración las dis tintas formas de prurito que se asocian a las enfermedades de la piel y a las enfermeda des sistémicas. La ausencia de alteraciones cutáneas y el resultado negativo del análisis químico y de las demás pruebas indicativas de enfermedades limitan en la práctica las posibilidades de diagnóstico al prurito senil o al psicosomático. La diferenciación entre estas dos formas no siempre resulta fácil, siendo en todo caso indispensable la realización de una valoración psicosomática.

TERAPIA DEL PRURITO
Como en cualquier otro campo de la patología, también para el prurito el tratamiento debería ser de tipo etiológico. Ello no excluye la posibilidad de aplicar un tratamiento sintomático, que en cualquier caso resulta a menudo insatisfactorio si la causa primaria no puede ser corregida o eliminada.
Salvo excepciones, el tratamiento sintomático se vale de los mismos medios para las formas más comunes de prurito y puede ser local o sistémico. En cuanto al tratamiento local, se opta por:
• la aplicación de sustancias grasas (aceites vegetales, grasas animales o minerales) en caso de intensa sequedad cutánea;
• el empleo de jabones ácidos y de baños de almidón o de avena cuando no existan lesiones cutáneas y para obtener un efecto humectante;
• la fototerapia con rayos UVA y UVB, por su efecto sistémico probablemente de bloqueo de la liberación de histamina. Resulta especialmente eficaz en el tramiento sintomático del prurito de los hemodializados;
• los antihistamínicos en crema tienen más que nada un efecto placebo;
• la estimulación eléctrica transcutánea, la estimulación mediante vibraciones y la acupuntura son técnicas no muy extendidas porque son poco prácticas y se hallan condicionadas por un efecto de muy corta duración.
Por cuanto respecta al tratamiento sintomático sistémico, los antihistamínicos siguen siendo los fármacos de más amplia utilización. Poseen un efecto de sedación central más o menos marcado y que a veces sírve para controlar el síntoma, sobre todo por la noche. Por cuanto respecta a la elección de los antihistamínicos, cuando el prurito se debe fundamentalmente a la liberación de histamina en la piel se da preferencia a los que poseen un escaso efecto sedante, mientras que en las demás formas se opta por aquellos que poseen un fuerte efecto sedante.
Por último, en muchos casos se ha visto que resulta también eficaz la administración de fármacos tranquilizantes y de somníferos, que sin embargo en el anciano deben siempre aplicarse con precaución, en la medida en que los efectos tóxicos son más frecuentes y más graves.

Prurito generalizado pero no asociado a enfermedades sistémicas

Dermatosis
Dermatitis atópica, dermatitis de contacto, dermatitis seborreica, foto-
dermatitis, eccema numular, liquen, urticaria, enfermedades vesiculo
sas autoinmunes, psoriasis.
Parasitosis externas
Sarna y pediculosis (piojos).
Reacciones por fármacos y por agentes externos irritantes
Prurito ligado a problemas psíquicos

Áreas anatómicas de prurito localizado vinculadas a los cuadros clínicos más comunes
Cara y cuello: dermatitis atópica, por contacto o seborreica.
Cuero cabelludo: dermatitis seborreica, psoriasis, pediculosis, dermatitis herpetiforme, piodermitis, dermatitis de contacto.
Manos: dermatitis de contacto, dishidrosis, sarna.
Pies: tinea pedis, sabañones.
Tronco: dermatitis seborreica, pitiriasis de Gibert.
Pliegues: derrnatofitosis, intertrigo, dermatitis atópica.
Perineo: oxiurasis, teniasis, liquen, candidiasis, hemorroides, rágades.
Vulva: candidiasis, sama, pediculosis, dermatitis por contacto, psoriasis.

EL TRATAMIENTO del prurito

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