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LA PIEL DEL ANCIANO

EL ENVEJECIMIENTO afecta, al igual que a cualquier otro órgano, también a la piel, que asume en el anciano un aspecto característico; esta modificación es atribuible a la concurrencia de varios factores, entre los cuales desempeña un papel fundamental la exposición crónica a los rayos ultravioleta de la luz solar.

Puede decirse que no existe órgano que evidencie más claramente el paso del tiempo que la piel. El aspecto de la piel es, en efecto, uno de los primeros elementos que se consideran a la hora de valorar la edad de una persona adulta..
Todavía se tienen relativamente pocos datos sobre las alteraciones anatómicas en las que se basan los profundos cambios sufridos por la piel con el tiempo. Además es difícil, si no imposible, diferenciar con toda seguridad los cambios debidos sólo al proceso de envejecimiento de los provocados por otras causas. Por otro lado, la piel es un órgano muy complejo, con sustanciales diferencias anatómicas y funcionales en las diversas regiones del cuerpo, que reaccionan de forma distinta a los estímulos internos y externos.

EL ENVEJECIMIENTO DE LA PIEL

piel de ancianoBásicamente existen dos teorías sobre el envejecimiento de la piel. Según la primera de ellas, éste depende de la acumulación de sustancias tóxicas de desecho y del emprobrecimiento en sustancias nutritivas. La segunda teoría considera que el envejecimeinto cutáneo es un fenómeno genéticamente determinado y, por consiguiente, gradual e inevitable.
Un hecho está claro: si comparamos la cara de un campesino con la de un empleado de la misma edad, podemos observar que la exposición crónica a la luz solar ha marcado la piel del primero en medida mucho mayor. Este fenómeno ha sido llamado por los norteamericanos photoaging.

mujer maduraEl paso del tiempo produce cambios en el aspecto físico de las personas, debido a causas externas o internas.

Naturalmente, también factores químicos, mecánicos y físicos, aparte de la luz solar, pueden influir considerablemente en el aspecto de la piel, a pesar del empleo preventivo de medios protectores.
Ello no hace más que avalar la primera teoría.
Por otro lado, algunas alteraciones típicas del anciano (por ejemplo queratosis senil, atrofia de la piel, alteraciones del tejido elástico, etcétera) serían elementos a favor de la segunda teoría.
La conclusión más razonable es, sin duda, que no hay que considerar estos dos puntos de vista como dogmas absolutos, sino que hay que correlacionarlos, pues es muy probable que ambos sean válidos. No obstante, ello no significa que el photoaging sea una simple acentuación de un proceso de envejecimiento. En efecto, se ha demostrado recientemente que las diferencias entre la piel expuesta a la luz solar y la piel protegida son también de orden cualitativo.

CÓMO ES LA PIEL DEL ANCIANO

Las alteraciones de la piel en el anciano son de tal entidad y poseen caracteres tan diferenciados que se habla de “piel senil’.
La epidermis, es decir, el estrato más externo de la piel, presenta los signos menos importantes de envejecimiento, aunque lo lógico sería pensar que fuese la primera en sufrir los efectos negativos del paso del tiempo. Puede mostrarse moderadamente más fina, con un aumento de la exfoliación fisiológica y por consiguiente de la descamación. Esta última es el resultado de una disminución de las secreciones de las glándulas que extienden continuamente sobre la piel un estrato de sustancias grasas que actúan como emoliente natural. Cabe destacar además que la sequedad y la descamación empeoran con los lavados frecuentes y con el uso de productos de fuerte acción detergente.
La dermis, estrato subyacente a la epidermis, presenta en cambio profundas alteraciones con disminución del tejido adiposo, reducción de la elasticidad y tendencia al arrugamiento, que hace que la piel asuma el característico aspecto de papel de fumar arrugado o de piel de cebolla.
Cabe en cualquier caso reseñar que las primeras lesiones microscópicas de la piel apa recen ya en los niños de 10 años, y los primeros signos de envejecimiento cutáneo son detectables en personas de 20 años.

TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN
La posibilidad de curar, corregir y evitar o al menos retrasar la aparición de los fenómenos de envejecimiento de la piel sigue siendo uno de los sueños de la edad moderna, empeñada en valorar al máximo el aspecto estético y la frescura de la piel.
Por desgracia, sin embargo, y a pesar de las ilusorias afirmaciones de la publicidad, no existe aún en la actualidad ungüento o crema capaz de devolver frescura a una piel ajada, no existe preparado cosmético capaz de hacer que desaparezcan de forma duradera las arrugas.
Sin embargo, resulta razonable pensar que una vida ordenada, una alimentación variada y equilibrada, con un correcto aporte vitamínico y calórico, y una actividad física saludable permiten mantener durante más tiempo las características de la piel juvenil.
El único sistema seguro para retrasar, no para eliminar, el envejecimiento de la piel sería, en efecto, evitar de forma total la exposición al sol desde la infancia. Como ya se ha dicho, la mayor parte de los cambios cutáneos se debe a la exposición crónica a los rayos ultravioleta de la luz solar. Tanto los rayos ultravioleta de tipo UVB (290-320 mm de longitud de onda) como los de tipo UVA (320-400 mm) alcanzan la corteza terrestre; las radiaciones ultravioleta más cortas y más perjudiciales son filtradas por la atmósfera.
Los rayos UVB dan lugar a la hiperpigmentación (aumento de la coloración) cutánea y son los responsables de los principales cambios que se producen en la epidermis y la dermis, si bien también los UVA son dañinos, al menos en relación a los estratos superficiales de la piel.
La importancia de los rayos ultravioleta en el envejecimiento de la piel queda demostrada por la diferencia entre la piel expuesta y la que permanece en gerneral protegida. La cara, el cuello y las manos se muestran siempre mucho más ajadas que el resto del cuerpo y estas diferencias son más evidentes en las personas que pasan gran parte de su tiempo al aire libre (campesinos, marineros).
Para terminar, cabe recordar que también los mecanismos de reparación y recambio de los tejidos cutáneos se encuentran profundamente alterados en el anciano, por lo que a dicha edad es frecuente la aparición de tumores benignos, potencialmente malignos o francamente malignos, que serán objeto de otra pagina web.

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