Los contactos sexuales con animales constituyen un tema tabú: se opta por evitarlo o en general se hace mención del mismo sólo cuando es absolutamente necesario.
Parece ser que el 3,6 % de las mujeres y el 8 % de los hombres refieren haber mantenido contactos sexuales de algún tipo con animales después de la adolescencia y fundamentalmente antes de los 21 años.En efecto, los más antiguos códices jurídicos, como por ejemplo el hitita (redactado presumiblesnente en el segundo milenio antes de Jesucristo), estipulaban ya penas drásticas, en general, la de muerte, para quienes resultaran culpables de haber mantenido relaciones sexuales contra natura. Y también la Biblia y el Talmud judíos contienen indicaciones al respecto. Por consiguiente, la cuestión estaba viva.
Sin embargo, mitos, leyendas y cuentos que contienen alusiones más o menos claras, cuando no implícitas, a relaciones sexuales entre individuos de la especie humana y la especie animal confirman el hecho de que la condena ética y social no bastaron para sofocar el fenómeno.
Naturalmente la transgresión, la violación del tabú, han pasado de generación en generación bajo formas aceptables para la moral pública. Pero hace falta poca imaginación para descubrir el verdadero significado oculto en numerosos mitos griegos dedicados a las modalidades amatorias de Júpiter, que adoptaba el semblante de los más diversos animales para unirse a las mujeres de las que se enamoraba.
En algunos casos, por otra parte, el mito resulta más que explícito. A tal respecto basta recordar la leyenda de Pasífae, la reina de Creta que, loca de amor por un toro, llegó al extremo de mandar construir una vaquilla de madera, dentro de la cual se encerraba para poder unirse al amado.
Por citar un ejemplo más cercano a nosotros, el cuento de La Bella y la Bestia es una delicada historia de amor entre los personajes que aparecen ya en el título; el hecho de que el final sea feliz tiene una importancia secundaria (él recupera, gracias a la dedicación de ella, su primitivo aspecto humano), pues ella le amaba ya como bestia
La zoofilia es considerada en muchas ocasiones como antinatural, y el acto sexual con animales como un abuso de éstos o como un "crimen contra la naturaleza". Algunas personas, por ejemplo el filósofo y autor Peter Singer (involucrado en movimientos por los derechos de los animales), defienden que esto no es así. Aunque la investigación de la zoofilia se muestra optimista y apoya a los zoófilos en su mayor parte, la cultura general se muestra hostil al concepto de la sexualidad animal-humana.
La actividad o el deseo sexual zoófilo no es considerado como patología por el DSM-IV (TR) (cuarto manual diagnóstico y estadístico de la American Psychiatric Association, asociación americana de psiquiatría), a no ser que vaya acompañado de angustia o que interfiera en el funcionamiento normal de la persona en cuestión. Críticos alegan que dichos comentarios en el DSM-IV no dicen nada sobre la salud mental y física del animal que tome parte en actos sexuales con personas; sin embargo, defensores de este tratado sostienen que la relación entre un humano y un animal puede ir más allá del mero acto sexual, que los animales son capaces de formar una relación amorosa duradera con otro animal o con un humano, y que tal relación no es funcionalmente diferente de ninguna otra relación sexual o amorosa.
El término "zoofilia" fue introducido por primera vez en el estudio de la sexualidad por Krafft-Ebing (1894). Los términos zoosexualidad y zoosexual se utilizan desde 1980 aproximadamente, en correlación con las orientaciones sexuales homosexualidad y heterosexualidad. Personas con una fuerte afinidad por los animales pero sin un interés sexual por ellos pueden ser considerados como zoófilos sin deseo sexual, aunque en muchos casos puede que no estén de acuerdo en ser llamados así.
El ambiguo término sodomía ha sido utilizado en algunas ocasiones en un contexto legal para referirse a actos bestialistas. En pornografía, aquel material con prácticas sexuales entre humanos y animales lleva el nombre de zoofilia o bestialismo, nombre extraído de dichas tendencias.
Entre la comunidad zoófila, el término "bestialismo" ha adquirido una connotación negativa, dando a entender un impetuoso deseo sexual sin interés por los derechos de los animales. Esto ha llevado a algunos zoófilos a querer distinguir entre la zoofilia (una entera relación de mutuo amor) y el simple acto sexual o bestialismo. Otros se definen a sí mismos como zoófilos y como bestialistas.
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