EYACULACIÓN PRECOZ
Ya hemos definido a la “eyaculación precoz” como una de las formas más sofisticadas de la impotencia, si bien la imagen que el común de la gente tiene sobre este tipo de problemas sexuales hace que supongan a la “eyaculación precoz” más próxima a la actividad de un individuo excesivamente fogoso que al impotente.
Sin embargo, dado que la consecuencia primera de la impotencia —y la más grave— es la incapacidad de satisfacer a las partes en juego (con toda su carga de culpas) es indudable que cuando el hombre expulsa tan rápidamente el semen (se entiende por “precoz” cuando la misma eyaculación se produce luego de unas seis o siete fricciones del pene dentro de la vagina, el ano o la boca) la compañera no alcanza ninguna satisfacción y el propio varón tampoco, ya que si bien la descarga de líquido seminal le alivia pélvicamente, su excitación psicológica, el drenaje violento de la sangre a los sectores inferiores del cuerpo, conforman un cuadro de tensión que el coito no permitió aliviar.
Como en tantos otros aspectos de la vida, aquí el tratamiento de este problema exige considerar dos aspectos alternativos y siempre presentes: lo urgente y lo importante. Lo urgente —la palabra lo dice— requiere una solución ya; antes de la próxima relación, de ser posible. Lo importante, es encontrarle una solución definitiva al problema.
Si usted es conciente, antes de tener una cita amorosa, de su problema, entonces tiene dos formas de obviarlo: o prolongando los juegos amorosos previos al coito (contra lo que masivamente pueda suponerse, lo que hace eyacular demasiado de prisa no es la prolongación de los prolegómenos, caricias y fantasías, sino el friccionar directa y velozmente inmediatamente después de la penetración), o, un par de horas antes, masturbándose. Esto reduce el volumen de semen, obliga a las glándulas a trabajar para resarcir lo perdido y hace más dificultosa la eyaculación.
En el caso de que usted quiera llegar al segundo punto, una solución definitiva, repito lo que dijera líneas arriba: es una forma de impotencia. En la eyaculación precoz la causa habría que buscarla (siempre que no se trate de la consecuencia de una prolongada abstinencia, cosa que se observará porque el problema desaparecerá a la tercera o cuarta vez de hacerlo, tras haber retomado una frecuencia “normal”), tal vez en una educación infantil con demasiada incidencia —verbal, con ejemplos o imágenes dentro del núcleo familiar— en el papel “machista” que le competiría en la sociedad. Y al ser un tipo de impotencia, pues como ella debe ser tratada.
Si desea prolongar el tiempo de eyaculación, tiene dos opciones: o el viejo método de efectuar mentalmente complicados cálculos matemáticos (como cuánto es 123 x 65, o averiguar el 15% de 644) o, cerrando los ojos, imaginar un punto luminoso en el bajo vientre, dentro de su cuerpo, tres dedos por sobre la base del pene. Pero más útil es, en ese momento (y si está haciendo el amor en la forma ortodoxa) abrir bien los ojos y clavar la mirada en las pupilas de su pareja. Esto, que puede creerse aceleraría el orgasmo, en realidad lo retarda y acelera el de ella. Para decirlo con un toque de humor, aquí quien pasaría a padecer de “orgasmo precoz” sería ella, pero bueno, es una de las reglas del juego. Por lo menos así usted no quedará necesariamente en el papel de “perdedor”.
Para facilitar la erección, respire lenta y profundamente, muy lenta y muy profundamente (sobre todo si usted tiene temor de no cumplir acertadamente), concentrándose en el roce de su piel contra la piel de su pareja.
Y, finalmente, para incrementar el vigor sexual de su compañera, una vez abrazados, coloque sus dedos pulgares por detrás de sus brazos, en la terminación de sus axilas (de ella), mientras clava su vista en el entrecejo, acompasando sus movimientos con los de su propia respiración. ¿Brujerías?. No. Técnicas orientales, sistematizadas por el Control Mental cuyos frutos (más deliciosos que las manzanas del Edén) podrá paladear si los pone en práctica.