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ELECCIÓN DE PAREJA

La eleccion habrá sido acertada si se ha conseguido llegar
a un punto intermedio entre El Instinto sexual y la razón, elementos
que, juntos, pueden hacer que la vida en pareja resulte dinámica
y atractiva.
Independientemente de los modelos, de los diferentes valores culturales,
del color de la piel o de la región geográfica en la que
habiten, los seres humanos, aun antes de poner en práctica su
capacidad de utilizar instrumentos y su genio creativo, experimentan
su potencialidad instintiva, al igual que cualquier otro animal.
EL ASPECTO COMPORTAMENTAL
Parece ser que el primer gran instinto innato del niño es
la capacidad de succión del pecho materno. Se manifiesta desde
el primer día de vida y no puede compararse con ningún
otro tipo de manifestación o comportamiento aprendido del ambiente.
Independientemente de la influencia de este último, el niño
empieza pronto a entender que tocar ciertas partes de su propio cuerpo
significa sentir una sensación de placer, del mismo modo que
aprende que si toca un objeto incandescente siente dolor. Es decir,
el niño "experimenta" las respuestas que le da su cuerpo:
aprende así a distinguir y a elegir entre el dolor y el placer.
____ En la edad adulta, en cambio, los comportamientos son en su
mayor parte casi completamente aprendidos: son, por ejemplo, aprendidos
el lenguaje, la forma de vestir o la manera de valorar la existencia
de uno mismo en función de la de los demás, pero también
las preocupaciones que se viven diariamente y que guardan estrecha relación
con el tipo de cultura en la que el individuo se encuentra inmerso desde
su nacimiento.
Por consiguiente, sobre todo si se considera al hombre occidental
contemporáneo, resulta cada día más difícil
encontrar a alguien que se comporte siguiendo su instinto. Y en cierto
modo se trata de una ventaja: en efecto, es posible que de no ser así
la humanidad no hubiese progresado. Sin embargo, la situación
actual tampoco es de cuento de hadas, pues los modelos culturales siguen
proponiendo a una persona capaz de dominar completamente su instinto,
seria, racional, objetiva, perfectamente controlada en sus emociones
y gestos, en definitiva casi una máquina viviente.
El instinto, no obstante, se halla indisolublemente ligado a nuestra
vida: a pesar de nuestros intentos de autocontrol, aflora a menudo en
muchos comportamientos.
La elección de la pareja es uno de esos comportamientos en
los que se reconoce claramente el instinto innato del ser humano.
En efecto, no debemos olvidar que la raza humana se diferencia morfológicamente
en varones y mujeres y que la naturaleza, a través del código
genético, propicia la perpetuación de la especie haciendo
que el varón se sienta atraído por la mujer y viceversa.
Dichas consideraciones hallan explicación en el hecho de
que, desde la adolescencia, existe un tipo de atracción sexual
que prescinde del condicionamiento psicológico y cultural. ¿Quién,
ante un ser humano de sexo opuesto y del que no conoce nada más
que lo que superficialmente se puede captar, no ha sentido, al menos
una vez, una atracción instintiva capaz de convertir un simple
roce en una situación de alto potencial erótico
Pues bien, muchas veces la elección de pareja comienza por
eso: estas positivas sensaciones de placer se imponen totalmente a exigencias
mucho más complejas. Por desgracia, sin embargo, esta primera
sensacion es sustituida seguidamente por largos diálogos internos,
en parte conscientes y en parte inconscientes, que responden en cambio
a complicados mecanismos de autoprotección. En otras palabras,
la elección de la compañera o del compañero responde
al final a la necesidad práctica de estar con una persona que
con su comportamiento no ponga al descubierto nuestras incapacidades,
nuestras limitaciones, nuestros miedos y que al mismo tiempo ocupe el
lugar de ciertas figuras psicológicamente ausentes o problemáticas
de nuestro pasado.
La elección de la pareja, en definitiva, podría ser
agradable y positiva si se lograse llegar a un punto intermedio entre
el instinto sexual y la razón, elementos que, juntos, pueden
hacer que la vida en pareja resulte siempre dinámica y atractiva.
Muchas veces, por motivos inconscientes, optamos por el amor imposible
o elegimos al compañero autoritario o muy sumiso; en realidad,
nos gustan precisamente los defectos o las virtudes de las personas
que nos reafirman en la opinión fundamental que tenemos de nosotros
mismos, de los demás y de la vida.
CÓMO
SE PRODUCE LA ELECCIÓN
¿Cómo se elige el objeto de nuestro amor? Habría
que empezar por preguntarse si efectivamente el objeto de amor es elegido
o no. Queriendo ser exactos, y dado el enorme número de variables
de campo, probablemente se llega-ría a la conclusión de
que no se trata de una elección, sino de pura casualidad. Si
todos aquellos que han encontrado ya el amor en su vida se pusiesen
a pensar en el primer encuentro con la persona amada y considerasen
todos esos pequeños detalles sin los cuales no se habría
producido el encuentro, se darían cuenta de que un simple retraso
habría podido echar por tierra todas las razones que en su día
se dieron a sí mismos para decidirse en su elección.
Esto puede servir para explicar que el encontrar justo a la persona
"idónea" es bastante raro. Además, la persona
"idónea" para uno no lo es para los demás, por
lo que, en cualquier caso, existe elección,
Se puede empezar por hacer una distinción entre criterios
de elección de los que se es consciente y criterios inconscientes.
Por cuanto respecta a las motivaciones racionales (color de ojos y de
pelo, situación económica), no hay mucho que decir. Sin
embargo, a menudo resulta difícil entender por qué razón
son tan importantes precisamente esas determinadas características.
Probemos a enumerar todas las cualidades que una persona debería
reunir para que nos enamorásemos de ella; luego preguntémonos
el porqué de esas características y de la importancia
que tienen para nosotros. Las respuestas serán muchas veces extrañas,
incluso divertidas. Puede también suceder que nos demos cuenta
de que hemos reducido demasiado el campo de elección y que posiblemente
sea necesario renunciar a algunas de las características enumeradas,
si queremos tener relaciones reales y no basadas en fantasías.
En otros casos se púede llegar a descubrir que las razones por
las que muchas veces se producen peleas dentro de la pareja son precisamente
las mismas por las que se eligió al compañero. Y esto
nos lleva a la segunda categoría de motivos de elección,
los motivos inconscientes.
A todos nos han preguntado alguna vez.' "¿Por qué
me amas?" Pocos serán, sin embargo, los que hayan obtenido
una respuesta satisfactoria, para sí mismos y para el otro. En
efecto, la mayor parte de las razones son totalmente inconscientes y
el hecho de enamorarse es la respuesta a una serie de mensajes que el
otro envía sin darse cuenta y que son recibidos y quedan registrados
en el subconsciente Estos mensajes nos dicen si la persona que nos interesa
posee las características que, siempre sin saberlo, buscamos
en la persona amada.
Hay quien busca un amor "imposible" para defenderse de
la sexualidad real y encuentra así su ideal entre las estrellas
de cine o entre personas ya comprometidas o que, en cualquier caso,
no pueden corresponder. Quien por el contrarío considera que
la única relación posible es el conflicto, encontrará
y hallará placer sólo con personas inevitablemente muy
agresivas.
En definitiva, se puede decir que, tanto desde el punto de vista
racional como inconscientemente, se eligen las personas que, de alguna
forma, confirman las opiniones que cada uno tiene de si mismo, de los
demás y de la vida. Cuanto más positivas sean nuestras
expectativas en tal sentido, tanto más podremos esperar que nuestro
inconsciente colabore para que encontremos a la persona con la que poder
vivir un amor feliz y satisfactorio,
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